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Los amos del universo

10/03/2010

Estoy en mi cuarto. De fondo suena Sexy Sadie del Albúm Blanco. Siento mis piernas llenas de ácido de batería del entrenamiento mañanero. A este tema esté donde esté lo tengo que escuchar. Dicen los mitos del rock que John se lo escribió al Maharishi. También otros mitos que escuche cuando crecía era que el Turco Asís era un chanta. Estoy comprobando que es un genio, que Flores robadas en los jardines de Quilmes es tan bueno que lo único que puede interrumpir su lectura es Sexy Sadie. Apoyo el libro en mi pecho en la parte que Lennon dice Nos hiciste quedar a todos como unos tontos.

Levanto la cabeza y veo pegada una foto histórica. Histórica en el ámbito de mi familia. Es la tapa de la revista Nuestro Deporte el Rugby. Tiene un dibujo con la cara de mi viejo. Miro la fecha: 1981. Yo no había nacido y él tenía la edad que tengo yo ahora.

En la época Alfonsínista y de transmisión de partidos del Napoli en directo fue que empecé a entender algo de este juego en el que hay que correr para adelante y pasar para atrás. En la cancha de Vélez, al año de la coronación del rey Azteca, saludaba a mi viejo desde la platea y él me ignoraba porque aparentemente a los australianos había que dominarlos en el scrum.

Como una especie de rito zen, se repetía media hora antes de las doce la llegada de Lucky Glastra, mejor conocido como la Anguila Blanca, a almorzar. Ese a quien varias veces confundieron con el Tigre Gareca en restoranes salvándose de pagar la cuenta suya y de su socio, mi papá.

Invariablemente, con obsesión bilardista, los fideos Don Vicente con crema de mi mamá, campeona del aguante y la logística de aquellos amateurs, estaban listos a las doce en punto.

Mis inicios literarios no se deben a ningún escritor. Lucky fue la primera fuente de inspiración en las letras y otras cosas. Era un poeta espontáneo. Si hubiese escrito habría sido un pionero. El rugby lleva menos gente que una moto, dijo una vez analizando una eventual profesionalización. Contaba historias que te mordían las orejas y no te dejaban escapar. Eso es ser un buen narrador, tener la capacidad de transformar la anécdota en un cuento.

La gira de los All Blacks en 1905 contada por Lucky es literatura. La imagen del festejo del try scrum del SIC versus Australia es poesía escrita en conjunto.

Seguramente mi pasión por el poder de Grayskull  hizo de Lucky la representación en carne y hueso de He-Man. Estaba convencido que él y mi viejo eran los tipos más fuertes de la tierra. La única vez que le encontré sentido a ir a la rural a ver maquinas obsoletas para mi, fue cuando en la entrada vi una camioneta blanca como la suya colgando del techo. La subimos con Lucky, me dijo papá. Fue una revelación divina.

Automáticamente lo proclamé mi padrino, no se de qué, simplemente porque quería estar ligado a él, que me transmitiera sus poderes.

Ya a comienzos del Menemato era el arenero de los pateadores del plantel superior. Miraba las entradas en calor con mi amigo, el Cóndor, y le decía ese es Lucky, él y mi viejo son los tipos más fuertes del club.

Que golazos metí aquella mañana de octubre con la camiseta del Rojo en el torneo de futbol infantil. Lucky estaba ahí, viendo como me saqué la camiseta para festejar con la de Boca, escondida debajo, como el paraguayo Cabañas. Como premio me invitó a ver a Boca perder contra Deportivo Español. Fuimos a un departamento muy grande en el centro. En una pared había una colección de películas. No ví jarrones. Con una bata y una mujer a su lado, Capa Bianca, el hombre que fuma abajo del agua, me saludó como un diplomático. Yo era un enviado de la literatura para casi veinte años después escribir sobre el glorioso día que fui al palco de Guillote Coppola. Su lugar era en el primer piso a la altura de la mitad de la cancha de la vieja Bombonera. Lo acompañamos, antes del partido, a votar por Antonio Alegre. Fue increíble ver al Beto Márcico en vivo, pero más increíble fue la puntería de un tipo al lado nuestro que ancló un gargajo en la espalda del línea. A los diez minutos del primer tiempo alguien señalo al medio de la Doce. Un canoso en cuero rodeado de cuatro gordos levantó su brazo en dirección a donde estábamos. Consciente de mi participación en el momento en que dos personajes míticos se saludaban, separados por ochenta metros y un desierto de gente, también saludé.

Esa noche tocaba por primera vez Guns n` Roses en River y yo no pude ir. No tenía edad para hacer pogo. Me volví con el hijo del Conejo Tarantini, integrante de la caravana bostera a su casa. Lucky se fue a ver a Axl Rose correr en calzas mientras que yo conocía a una mujer con un escote aterrador y a David Lebón. Fue un día de rocanrol.

El fútbol y el rugby más de una vez se conectaron. Unos meses antes de mi epopeya en aquél palco boquense, el Conejo Tarantini aconsejó a José Cilley sobre como pegarle a la pelota. Algo de sabiduría habrán tenido sus palabras porque el Gringo terminó siendo el goleador del torneo.

De verdad que el rugby llevaba menos gente que una moto. Sobre todo el día que llovía como cuando Moisés salió a navegar. El SIC jugaba con Pucará y al costado de la cancha éramos menos de diez personas. Yo sostenía mi vasito con arena y Castro, utilero, aguatero, peronista y conversador en mis días solitarios de enero junto a la pileta, sostenía el paraguas.

José María Castro es un tipo sin edad, o con mucha edad pero nadie sabe cuanta exactamente. Nunca lo va a decir. Aunque ya adiviné cuando me contó que la saludó a Eva en el `45. Es de esas personas que parecen haber vivido varias vidas pero sin haber reencarnado. Por ejemplo estuvo empleado cincuenta años en una fábrica textil llegando al record de horas trabajadas. Ciento cincuenta mil. Saqué la cuenta y da algo como eso. No solo eso sino que militó en política, donde una vez recibió un disparo. Fue colimba y aprendió a disparar con carabinas. Desde acá le pego al medio del tanteador, me dijo sentado en su silla de mimbre un día de vacío veraniego. Es tan fanático del club como cualquier socio al punto entristecerse por un mal resultado. Sin embargo, no conoce las reglas del rugby y, honestamente, ya no ve lo suficiente para distinguir entre local y visitante.

Él mismo se considera una especie de caza talentos, vaticinando el éxito y la carrera gloriosa de varios jugadores. Nunca entendí el criterio que usaba para sus predicciones generalmente acertadas. Debe ser la persona que más partidos de rugby vió desde 1981, año en que empezó a trabajar en el club y que salió la tapa de esta revista que miro ahora, la que tiene la cara de mi viejo dibujada.

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El ruido y la furia

21/02/2010

-Me duelen los nudillos Omar. Estos guantes que trajimos son muy finitos.

-Ya sé Monito. Eran los únicos. Tratá de pegarle en los pómulos. Este tipo te saca una cabeza y si le das al cuerpo no lo lastimás. Aprovechá que tenés brazos largos.

-Ya le hice un cortecito en la cara me parece. Sino tumbo a este urso ahora me liquida.

Un gordo con anteojos, al costado del ring, tocó la campana. El público no era mucho. Unas noventa o cien persona que querían ver la representación de la dinámica social en las ciudades. Manicomios modernos y multitudinarios. Había humo de cigarros en el ambiente bajo las luces, olor a transpiración, a calle, suciedad y perfume de mujeres. El olor describe, complementa, casi define una situación eléctrica como ésta. Los ruidos también. Una botella reventó contra el suelo, las sillas crujían con el frenético movimiento de la gente que se sentía parte del combate, los gritos en holandés que el Mono no entendía. Solo pensaba en noquear al local de dos metros diez. Mucho menos que un pingo y esos son bravos, pensó.

La montaña se levantó de su banquito agitado. El Mono lo miró directo a los ojos. Sus puños cargados eran rifles que se salían de la vaina por chocar con la jeta cuadrada del holandés. El peso era una cuestión menor, una forma humana de comprender las cosas para él. Por eso los ochenta y cuatro que marcaba la balanza eran solo un símbolo contra los ciento veinte parados frente a él. Encerrado en una caja cerrada de sogas disfrutaba el presente.

Parecía entender que la vida es una prostituta que deja ser disfrutada para después olvidar y seguir su ruta. Por ahí se dio cuenta cuatro años antes, a los diecisiete. La sabiduría no siempre viene con la edad. A los veintiuno, edad de aspirar a tener un cuadro en la pared que certifique capacidad para una profesión, estaba en su segundo Juego Olímpico. De casualidad nomás. Había dejado el boxeo tras la eliminación en París. Empezó con fútbol, en Racing, seguido de rugby. Un tío, General en el ejercito, le ofreció una revancha y le facilitó contactos para el viaje a Amsterdam. Se preparó peleando contra marineros en rings improvisados en el puerto, donde zarpó, entre apuestas ínfimas de miserables y tramposos.

En una época en que el tiempo no era un problema mucho menos podían ser unas cuantas semanas flotando en agua salada. Entre los viajantes había deportistas. Entrenaba con ellos, jugando al basquet o lo que fuera,  y si surtía a alguno era sin mala intención pero por culpa de su naturaleza salvaje.

Ya lo tengo, no se me escapa. Ágil se movía con un estilo indefinido. El boxeo no conocía grandes campeones, solo tipos con aguante para recibir piñas y no caer antes que el otro.  Joe Luis, Muhammad Alí y Rocky Marciano eran nombres escritos en páginas futuras. Esta no te la esperabas, te corté la ceja, vení cagón. La técnica estaba guardada en la cabeza de algún perfeccionista. Omar, su entrenador y amigo, no lo era. Agitaba el brazo metido entre las cuerdas y gritaba algo, cualquier cosa para animar al Mono a terminar el trabajo. El público no entendía como su peleador era dominado por un enano de brazos largos.

Una sombra apareció a su derecha. Era una recta de carne y hueso corriendo con el impulso de una pésima noticia a su sien. Se agachó. Aprovechó el desbalance para embocar una piña con cada puño. La izquierda primero aterrizó en un ojo, la derecha después o viceversa porque nadie lo notó por la  velocidad o por la decepción en el caso de los locales que preferían olvidar o por la emoción, según Omar y él mismo incluso. Sangre cayendo en el tobogán de la cara. El ojo hinchado y las guantes queriendo tocar, sanar o pedir clemencia. Que me importa que te hayas roto, no abandonés. El gordo volvió a tocar la campana, varias veces. Entre las cuerdas apareció el banquito en el rincón donde el grandote se desplomó, sangrante, humillado. Las únicas dos voces en español gritaban sobre un murmullo que se alejaba.

-No festejemos mucho Omar que nos toca el sueco en la final. Vamos a tomar un vermucito y a la cucha.

-Si Monito, pero al menos vamos a acompañar a Avendaño que ganó una medalla.

El cuarto del hotel estaba a oscuras. Una luz pobre iluminaba a Nils Ramm, sentado en la cama. Leía en el diario la crónica de la hazaña argentina. El sudamericano Rodríguez Jurado apabulló al local destruyendo cualquier expectativa. Visualizaba como esquivar los brazos largos de su rival, como someterlo. En Berlín se inyectó confianza cuando pasó a ser el campeón europeo de pesos pesados. En cuero, con una botella de cerveza a su lado, dejaba pasar las horas. Era su última pelea antes de viajar a Estados Unidos a probar como profesional.

En otro hotel o tal vez el mismo, es imposible saber e incluso innecesario, el Mono tomaba mate. No pensaba en llegar a jugar en el CASI y en un tercer tiempo sacarse la ropa y que eso sería un evento clave. Ni siquiera los Pumas pasaban por su cabeza porque eran algo inexistente en su horizonte. Solo pensaba en chupar la bombilla, en dar vuelta la yerba porque lavado no le gustaba y que unos bizcochos harían ese momento un poco mejor. Entonces de la pelea no tenía una sola imagen. No visualizaba. Llegado el momento se pondría sus guantes finitos, esos que no le protegían los nudillos, su pantalón hasta arriba del ombligo y entraría en la arena del circo romano moderno.

No voy a mentir. Había menos gente que en la pelea anterior, pero de que sirve el público en este relato. Su ausencia no borra el mito. Omar no tenía muchos consejos. A veces no hacen falta cuando se tiene fe suficiente, en lo que sea, en Dios, en la literatura, en el boxeo o en la experiencia. Usa tus brazos largos y movéte rápido que sos liviano le habrá dicho. Le voy a apuntar a la blancura que tenga enfrente y que sea lo que sea. Nils Ramm lo miraba, lo analizaba, lo subestimó un poco a pesar de saber que ese era su segundo Juego Olímpico. Lo sentía un simple aficionado. Pobre de él. Un minuto del primer round bastó para que la catarata de trompadas en su cara le hicieran hablarle a un Dios en el que había dejado de creer hacía tiempo ya. El minuto dos fue la sensación de estar vivo. Por el dolor en la mandíbula y el corte en la ceja, tan profundo que exiliaba sangre inconteniblemente. De nuevo campanazos de aquél gordo. El vamos carajo esta vez fue más fuerte que el ruido y la furia del lugar. Mil ochocientos noventa y cinco años pasados de la muerte de Cristo, Arturo Rodríguez Jurado ganó la medalla de oro de pesos pesados.

Kurtz (capítulo 3)

14/02/2010

Me desperté primero; la cama era incómoda y no pude dormir profundamente. Bajamos con Papá a desayunar y no encontramos más que yogur y medialunas un poco secas. Cebamos unos mates y nos preparamos para ir a OSECAC a la conferencia de prensa. Facu bajó un poco más tarde porque él si pudo dormir. Eduardo Rossi llegó a las nueve y cuarto de la mañana acompañado de Juanca, en su camioneta para llevarnos al evento. No era lejos del hotel a donde íbamos.

Nos recibió en su despacho el señor Juan Domingo Gamarra, ex diputado provincial  y director de dicho organismo que subsidia  al Aborigen rugby club.  Pasamos a un salón de reuniones con una mesa larga rodeada de sillones de cuero. En una pared un cuadro de Perón y otro de Evita colgaban, como también la de un funcionario que simulaba sorpresa para una foto mientras firmaba con su pluma un papel en su despacho. Había también tres personas mas, una de ellas secretario de deportes de la provincia, de las otras dos nunca supe la razón de su presencia, aunque sus conversaciones si me llamaron la atención. Como cuando pregunté por la “Tigresa” Acuña y sus pretensiones de ingresar en la política, todos contestaron que haga cola esa, que se cree que es después de haber dicho lo que dijo. Una mujer de pantalones muy ajustados entró a dejar unas gaseosas y sándwiches, Gamarra le pidió servilletas bien dobladas “para que sea más prolijo”. Rossi se mostraba preocupado por saber que medios se harían presentes, pidiendo teléfonos para llamar y confirmar la concurrencia. Solo uno vino porque los otros estaban en un acto de vialidad. Me tocó responder primero; conté como se me ocurrió ir a Formosa, sobre el rugby actual y sobre el profesionalismo. Enseguida el Coronel Kurtz tercermundista, se largó con su rap:

-“…porque el proyecto aborigen rugby club esta creciendo gracias al apoyo del diputado Gamarra mandato cumplido, y el año pasado pudimos salir campeones del divisional de primera y hoy por hoy tenemos muchos jugadores muy buenos, tenemos el mejor 6 de la provincia, es bueno es bueno es bueno, me hace acordar a cuando jugaba en Valence d`Agen y teníamos un tipo de metronoventa Chavelet se llamaba.  Y es importante que vengan figuras como Tomi que conozco al padre hace años y lo quiero mucho. Cuando le dije a Gamarra que venía un jugador profesional me dijo bajále pata y la contadora Vecchietti  me dijo bajále pata, entonces gracias a ellos y al apoyo del gobernador esto es posible, y es importante para los chicos porque tienen acá un ejemplo un modelo, y yo siempre les digo las cosas hay que hacerlas como decían los romanos firmes y dignos, y me pone muy contento que este Tacho acá que estuvo el día que jugué mi última batalla y ahí se me fue la vida…”

Rossi le cedió, tras su discurso, el asiento a Gamarra que me palmeó la pierna antes de sentarse. El periodista le preguntó al funcionario acerca del deporte en la provincia.

-“Es importante que muestren las cosas buenas que se hacen en Formosa, porque parece que hay medios que se empeñan en mostrar lo malo. El equipo la Unión Voley hizo una campaña bárbara y cuenta con Marcos Milinkovic. El estadio ‘Cincuentenario’ fue inaugurado y tiene muchos eventos previstos para el futuro. Vamos a seguir trayendo figuras de primer nivel como Tomi para difundir el deporte en la provincia.” Respondió Gamarra. Me sentí incomodo con lo de figura de primer nivel.

Tengo en mi mesa de luz un mate que él me entregó mostrando con una sonrisa a la cámara. Al mirarlo leí en letras doradas al costado del recipiente “OSECAC” y más abajo JUAN DOMINGO GAMARRA Secretario General  FORMOSA.

Terminada la entrevista entró Juanca en el salón y anunció al oído algo a Rossi, que reaccionó con los ojos abiertos y golpeándose con las palmas la frente. Me asusté por su reacción que me hizo esperar una muerte trágica o algo por el estilo.

-“¡¡La puta que lo parió, se suspendió el regional!! ¡Por la gripe A de mierda se suspendió, la concha de la lora!” Lanzó mientras lo mirábamos; rápidamente cambió de tono y de gesto diciendo “¿Querés un sándwich, Tomi? ¿ La estás pasando bien?”

Comenzó una charla entre Gamarra, Rossi, el secretario de deportes y las otras personas presentes que me dediqué a escuchar. Hablaban sobre las pasadas elecciones legislativas, la situación del partido justicialista y que era, hablando en su jerga, tiempo de mezclar y repartir. Yo dije en voz alta “¡que día peronista!” y todos sonriendo contestaron que si. Era primero de julio.

En la planta baja mujeres con sus hijos en brazos y  hombres de cara cansada nos miraban pasar esperando ser atendidos. Rossi nos comentaba que en la casa conjunta funcionaba un prostíbulo. Una mujer de una figura no aceptada por los cánones sociales con una remera apretada que mostraba más de lo que uno pretende ver, unas calzas rojas y con el pelo de amarillo gastado estaba parada en la puerta saludando a un hombre mayor que a los tumbos entraba al boliche. Que ganas de ver que pasa ahí, pensé, pero era la hora de almorzar y quien sabe si no hay que ser socio.

Recorrimos en camioneta la ribera desde donde se ve el pueblo de Alberdi en Paraguay. Allí un barco cruza pasajeros en tan solo unos minutos y el verde prevalece en el paisaje. Para muchos en nuestro país esa diferencia de unos metros decide tu color de piel y de que club de fútbol sos hincha. Asi que si nacés unos metros mas allá sonaste y sos de Boca.

Dicen que de ese lado te comprás lo que quieras por casi nada. Ahora, si te falla reclamále a Dios (El primer reproductor de video que tuvimos en casa había sido comprado ahí y andaba bien).

Se veían algunas obras para ganarle tierra al río y un cartel enorme con el nombre “Gildo” y la cara del  gobernador sonriente. Frenamos para caminar por la vereda y llegar a la parte en construcción. Rossi le contaba a papá sobre las obras. Más atrás caminábamos Facu, Juanca y yo. Eduardo a diez metros se puso a mear continuando con su explicación y papá con un poco de pudor se dió vuelta.

Nos separamos de Kurtz en el hotel, donde nos buscó Eduardo Barrios del club Aguará para almorzar casualmente por donde habíamos caminado un rato antes. La comida transcurrió obviamente entre charlas de rugby. Eduardo amablemente invitó el almuerzo y a conocer luego su club. No dijeron nada sobre Rossi, más que “esta bueno el club, pero es un poco cerrado él”.

A la tarde mateamos en la plaza con papá mientras Facu sesteaba. Pensamos en que sería bueno averiguar sobre la ruta a Salta pero en la oficina de la secretaria de turismo esperamos quince minutos sin que apareciera alguien.

Me cambié para la segunda práctica que sería por la tarde. Esperamos en el lobby del hotel frente a un televisor que anunciaba las formaciones de Estudiantes de la Plata y Nacional de Montevideo que jugaban esa noche un partido por la copa Libertadores. Por la puerta asomó Pancho  Ruiz, otro viejo amigo de papá también de Aguará rugby que se sentó a conversar muy contento.

A las ocho de la noche la Isuzu verde asomó tras el ventanal. Salimos y saludamos a Eduardo. Papá subió en la camioneta de Pancho que quiso acompañarnos.

Bajé del auto, salté la zanja que separa la calle del potrero y saludé a los jugadores. A Pancho se le rompió la camioneta y tuvo que llamar un remolque para volver a su casa. Eran pocos jugadores, todos chicos; algunos de primera no habían llegado, otros esperaban afuera de la cancha. Rossi hablaba con alguno de ellos y se alejaba cada vez que quería decir algo personal. Mandó a uno mas joven a comprar pan. Uno de los colaboradores dijo que harían un entrenamiento físico pero me dejó con todos los jugadores a mi cargo. No eran demasiados y los materiales eran nuevamente escasos. Papá y Facu, que sacaba fotos, quedaron a un costado. Yo me entusiasmé y entrené a la par de ellos. Rossi ocupado en otra cosa no miraba lo que hacíamos; solo hablaba en privado con algúnos chicos. Se fueron acercando los jugadores de la primera. Comenzamos la práctica, pero no tuve oportunidad de hacer más que un juego que duró hasta el final. Sin embargo fue muy positivo, me divertí y creo que ellos también. Cerramos con un abrazo en grupo. Después tiempo de agradecimientos. Entregué una camiseta del seleccionado argentino para colgar en su club y manifesté mi gratitud por su recibimiento. Rossi agarrando la camiseta en tono de lección señalo que esa era la patria, los colores que los representaban, por los que mucha gente había muerto y pidió un aplauso. Un poco exagerado, pensé. Luego anunció que le acababan de avisar que se suspendía la actividad debido a la gripe, pero de todas maneras habría un asado el domingo en la sede del club.

Habíamos invitado a Eduardo a cenar con su familia a un restaurant. Tras cambiarnos esperamos durante poco mas de una hora mirando el fútbol en la televisión. El partido estaba por terminar y Estudiantes ganaba dos a uno. Después de que marcara un golazo, me indigné porque Boca lo dejó ir a Boselli a Estudiantes.

Ya se hacía tarde, nuestro hambre grande como la impaciencia por la informalidad de Rossi que dijo que nos buscaría al cabo de quince minutos que se hicieron sesenta, setenta y eran las once y pico de la noche. Entonces fuimos por nuestra cuenta a comer, asumiendo que no vendría o que si lo hiciera y no nos encontrara entendería. Mientras pedíamos una entrada los tres observábamos de reojo la puerta donde vimos pasar al menos cinco camionetas Isuzu. Finalmente llegó, con Ana María y Guillermo. Nuestra comida estaba en camino y el vino que ofrecimos pero no aceptaron, ya en nuestras copas. Nuestra cabeza por poco estaba en la ruta del día siguiente, en Salta, en escuchar un poco de folclore, pero tuvo que volver de su gira prematura a ese presente, a esa cena.

-“¿Les gustó? ¿La pasaron bien? ¿Qué te pareció a vos Tacho? ¿Viste como juegan los pibes, Tomi? ¿Qué les decían los de Aguará de mi?”

-“ Te respetan en Aguará, no dijeron mucho mas. El club está muy bien” Comenzó diciendo papá no muy convencido “Pero tenés que abrirte un poco más. Así vas a conseguir apoyo”

-“Si son buenos tipos, son buenos tipos los de Aguará. Yo a vos te escucho mucho. Es que yo soy muy hermitaño, me cuesta. Me hace acordar a cuando estaba en Francia y me llevaron al museo de la segunda guerra ¡que divinos! Me querian cambiar ¿Quieren que les condimente la ensalada? Soy un excelente condimentador.”

-“No gracias, ya le pusimos aceite y sal.” Me adelanté, alejando la ensalada de su alcance.  “¿vos Eduardo sos profesor de Educación física?”

-“Si soy. También estuve en la escuela militar ¡Tenía a unos nenes! Muhamed Alí Seineldín, Suarez Masón. Pero había cosas que no me gustaban. Vi cosas terribles, terribles. La guerra en ciertos casos la acepto pero que nos andemos matando entre argentinos no me va, no me va.”

-“Igual tenés tu coleccioncita de películas de guerra. Tenés Apocalipsis Now?” Quería ver si sabía quien era Kurtz.

-“No, yo solo colecciono de primera y segunda guerra mundial. Tengo documentales, todo. Me especializo en esas dos. Se todo. Se que Hitler no murió en el `45 como dicen todos, no. Murió en Argentina, en el sur, en el Huemul en el `68 y Eva Braun un poco después. Posta, eh, posta.”

Saliendo hizo un comentario sobre el marrón de mis zapatillas, que le recordaba a Platense y una vez más preguntó si nos había gustado todo y que nos parecía pero ya no contestamos. Hay una canción que dice que es hermoso partir sin decir adiós. No pudimos.

-“Gracias por venir ¿Les gustó? ¿Qué les pareció?”

-“Esta muy bien todo, pero te digo lo que te dije antes: tenés que abrirte un poco más”. Aconsejó papá casi desganado.

-“Si, sabés que a vos te escucho mu…” Y se interrumpió  distrayéndose cuando se acercó un perro a su lado “Mirá el doctor de la calle ¡que divino el cachorrito, que divino!”

- “Bueno, chau, chau” Dijo papá.

- “Los espero el año que viene.”

-“Dale” Respondí negándome por dentro.

Al tercer día resucitamos. Atravesamos la provincia de Formosa. Es muy parecida a Vietnam, por lo que ví en Pelotón, Forrest Gump y todas esas películas sobre la guerra que perdieron los yanquis. Faltaba que tirasen NAPALM desde el cielo y cartón completo. Por las dudas pusimos Hey Joe de Hendrix en el Ipod, para ambientar.

Hay cualquier tipo de animal. Desde burros, ñandúes, pájaros enormes, chanchos salvajes. Cada muchos kilómetros alguna persona sola caminando al costado de la ruta o alguna comunidad aborigen en el monte espeso. Rugby ahí ya no hay. Nada hay, hasta que llegue algún otro Kurtz a colonizar.

Kurtz (capítulo 2)

09/02/2010

El viaje fue larguísimo. En la entrada a la ciudad de Formosa un chancho cruzaba la calle. En un semáforo, preguntamos por el Plaza Hotel y nos dijeron que era el edificio alto, bien alto frente a la plaza San Martín; en una esquina encontramos el lugar, que era solo una construcción de cuatro pisos. Las habitaciones ya estaban pagadas.  Yo quería llamar a Eduardo no fuera a ser que pensara mal por no anunciarnos, pero papá rogó por poco para descansar.  Después de una comunicación telefónica él mismo nos avisó que vendría al cabo de media hora.

Nos preparamos con un termo de mate  (yo un poco nervioso tengo que confesar) y salimos a la plaza a esperarlo. Llegó en una camioneta Isuzu verde de doble cabina. Bajó del auto a los gritos diciendo  “¡¡que hacés Tacho hijo de puta, tanto tiempo!!” y abrazó a papá luego a mí y a Facu que tímidamente y con vergüenza respondió con un hola que tal.

Rossi es un hombre corpulento, pero no muy alto y con una barriga prominente pero de aspecto sólido; un típico físico de un primera línea retirado hace tiempo. Sus brazos son anchos como dos troncos. En la cara tiene un expresión dura, recia. Su vestimenta: siempre un pantalón que sostiene con unos tiradores, una gorra o un sombrero y un reloj verde ancho de velcro del ejercito alemán de la segunda guerra mundial que, cuando quiere revisar, despega con un gesto exagerado moviendo el brazo.

Salimos para el club en la Isuzu, Facu y yo  sentados atrás, recorriendo la ciudad. En la avenida principal vimos un barrio del estilo Fuerte Apache con monoblocks y en la cuadra siguiente el moderno estadio “Cincuentenario” recientemente estrenado, orgullo de la ciudad. Rossi como todo anfitrión arrancó la charla:

-“Cuando yo me retiro nunca me olvido que vos me dijiste no te podés retirar’, `me voy, me voy’ te dije. Lo que pasa es que yo lloré mucho ese día vos sabés como estaba. Yo te dije a vos Tomi se me fue la mitad de mi vida, pero acá vine a hacer una cosa que es sagrada,  y esto lo que van a ver hoy no tiene precio, no tiene precio.”

-“¿Van a estar los chicos hoy?” Pregunté porque sinceramente no tenía idea del itinerario planeado.

-“¿Hoy? Seeee boludo, la puta! Le` hable muchisimo de ustedes, de este,  de vos.” Siguió hablando de cómo su hijo fue jugador de basquet cuando el fue a Barcelona.

-“En Barcelona estuviste ¿no?” Dije, recordando su mención en un correo electrónico.

-“Seee, fui seleccionado en Barcelona, soy el segundo argentino en ser seleccionado ahí, fui el primer argentino en jugar contra Japón”. Dijo y nos miramos con Facu casi preguntándonos si era eso importante y siguió: “Pero bajo bandera eh, bajo bandera catalana que no me hizo un carajo de gracia, eh. Dame mate. A vos tu viejo te debe haber contado una de las causas de las que yo me fui que me peleo con Imhoff. Hace poco me lo encuentro en una reunión de la UAR, pero viste que yo soy muy jodido para ir a esas cosas, muy jodido, soy una verga, no me gusta ir a ningún lado, además no me gusta viajar en avión, antes de viajar en avión me tomo un farol de whisky, si boludo si, si. Bueno cuando voy a Buenos Aires estaba el chancho de mierda el gordo este Conde, estaba Tucci, Martinez Basante todos esos ¿te acordás? Ladrones, ladrones, hicieron mucho mal a nuestro rugby. Y entro ahí y se encuentra José Luis conmigo ‘Que haces sorete’ me dice, así entró.  ‘La puta que te parió, qué te pasa a vos?’ le digo, ‘Mirá, vos con esos negros de mierda chagasicos muertos de hambre nunca vas a salir campeón’ me dice. Agarro, todavía me acuerdo, botella de agua mineral no gasificada, de cuatro me tuvieron que agarrar, el cobarde temblaba, temblaba y le digo ‘Sorete, el día que vos vayas a jugar a donde yo jugué vení y hablame, ahora no me hablés, te voy a matar cuando te agarre solo’ Fue la última vez. Decrepito está, no viejo, porque uno puede estar viejo como Lucho Gradín pero este está decrepito porque es mala persona, mala persona.’

El paisaje camino al club fue cambiando desde el centro de la ciudad a un barrio marginal con calles de tierra casi intransitables. El sol se acostaba ya en el horizonte a esa hora de la tarde, y el clima si bien estábamos en invierno, superaba los veinte grados. Las casas eran precarias. En el barrio había muchos perros pobres, a los que Rossi llamaba “doctores de la calle”, buscando algo que comer. Mientras continuaba con su historia me pedía mate  y agregaba comentarios entreverados.

-“Yo estuve muy cerca de morir el año pasado por una úlcera” dijo. “Pero la que me salvó fue esta” mientras tocaba una calcomanía con la imagen de la Virgen pegada en el parabrisas. “Soy muy religioso, no se si saben. Fui durante mucho tiempo del Opus Dei. Llegué a ser numerario” Acto seguido nos mostró un anillo en su mano.

-“¿Qué es ese anillo?” preguntó papá poco interesado.

-“Este es de mi otro Dios, el Fuhrer” Respondió con naturalidad y sonriendo. “Ustedes saben que soy conocido no solo por el rugby, sino también por mi pasión por la segunda guerra mundial. Este me lo dio un viejo, un viejito apacible, como digo yo, ex SS junto con un reloj pulsera de su época con la cara del Fuhrer. en un encuentro de coleccionistas de artículos de militaria. Te imaginás mi cara ¡una delicia era y en mis labios un hito de baba de libidinosa de alegría y placer! El hombre se despidió de mí, ya sabría que en breve la parca lo vendría a buscar. Después me ofrecieron cositas de la liturgia peronista de antaño pero no me agradan. Las digiero pero hasta ahí nomás. Me gusta y amo la otra”

Un chico aborigen caminaba por la calle. Rossi frenó y lo saludó mezclando unas palabras de Toba con castellano. El club apareció frente a nosotros luego de una travesía entre zanjas y pastizales.  Tenía dos canchas, pero la principal llamada `Hugo Porta’, tenía un poco más de pasto que la otra. Sin embargo,  los postes estaban despintados en ambas. Una mujer Toba salió a recibirnos. Rossi la saludó pero con distancia.

-“Buenas tarde profesor” dijo ella con un tono como si estuviera saludando a un sargento.

-“¿Como andas Analía? Ellos vinieron a conocer el club. Traeme las llaves de los dormis por favor.” Luego se dirigió a nosotros: “Acá concentran los chicos antes de los partidos. Tenemos capacidad para veinticinco personas. Dame mate. Ella sabe que no puede entrar acá, porque para mi no hay que mezclar a las mujeres con los vagos porque sino se arma quilombo. Yo soy misógino.”

-“¿Todos concentran acá? “ Pregunté mientras le pasaba el mate.

-“Solo la primera. Que bueno está el mate, con lo que me gusta tomar mate, pero solo lavado por la úlcera. Vamos que les muestro la otra sala ¿qué les parece todo? ¿ la están pasando bien?”  Preguntó y al unísono dijimos que muy lindo, muy bien.

Pasamos a su oficina y lo primero que se vió fue una foto en un cuadro  clavado a la pared donde estaba él con el ex presidente Menem. Su escritorio estaba decorado de pequeños autos coleccionables de guerra, una bandera Argentina pequeña, una bandera con la esvástica y otra foto con Carlos Menem. En un rincón descansaban una bandera Argentina y otra bandera Vasca regalo de una viejecita en los años ochenta. Sobre una repisa vimos varias fotos de él y otros pequeños recuerdos.

Al lado de su oficina había una sala donde se juntaban para las charlas y renuniones. Una foto de una formación de otros años tenía la cara de uno de los jugadores tachada y arriba escrito “traidor infame”. Rossi nos contó que ese era Camacho, uno de los que se separó y formó su propio club de aborígenes llamado Qompi. Las paredes sostenían una colección de camisetas guardadas de su época como jugador o de regalo que recibió que sumaban alrededor de cincuenta.

-“…que bueno que estas jugando al rugby profesionalmente, yo fui hace ya 25 años atrás el 1er profesional que tuvo nuestro querido país pero eran otra épocas en mi 2do país que es la FRANCIA era otra cosa…en el año 1985/86 se llego a la friolera de 9 muertos por año  ojo lo hice con mucho orgullo y responsabilidad pero eran épocas muy roqueñas es decir muy duras por demás, yo allí jugué en el STADE TOULOUSAIN, 2 años después en MOISSAC en 2da división que fue la peor macana de mi vida, allí la 2da div francesa es el vale todo, ex internacionales de vuelta o jugadores mercenarios de Sudáfrica o Nueva Zelandia o de la parte este de la EUROPA serbios rumanos etcetéra, en esa temible divisional jugue un año y realmente anduve muy bien la prueba fue que al año siguiente y por dos me fui al VALENCE D”AGEN de la 1ra div de esa época y realmente me fue barbaro alli, después me fui a GALES gente hermosa país ordenado y limpio pero de un rugby arcaico lento y muy parado, me aburrí como loco, estaba allí en PONTYPOOL y conocí allí a un tipo de BARCELONA que me llevo a mi a 2 internacionales de GALES uno de escocia 4 de ARGENTINA que yo los hice ir y en España salimos campeones de todo robamos a decir verdad pero yo ya tenia la cabeza puesta en mi proyecto que hoy por hoy es una hermosa realidad ¿Les gusta? ¿ la están pasando bien?”

La noche trajo un clima más templado propicio para el entrenamiento que fue en otro sitio y no en el club que visitamos. El “Lote 68” es un lugar descorazonador y horrible. Era solo un potrero  con arcos de fútbol que se encontraba en un barrio marginal, con una luz tan finita como débil. La gente empezó a aparecer de todos los rincones de la oscuridad llegando a la primera práctica, como me habían anticipado. Yo, que no sabía con que me iría a encontrar, había planificado rigurosamente el entrenamiento pero tuve que improvisar otro al encontrarme con solo tres pelotas y ningún otro tipo de material. Fui presentado antes de la práctica, y sentía sus miradas penetrantes puestas en mí. Los chicos entrenaban todos mezclados desde los de 16 años hasta los de primera. Muchos de ellos descalzos o con jeans rotos, y pocos con ropa de rugby, pero sin embargo más de uno con muchas condiciones físicas y técnicas.  Conocí a Juanca, que si bien no es de origen Toba, sus orígenes son humildes. Él es uno de los más veteranos del equipo con treinta y siete años y juega de primera línea.

-“¿Apareces en la película vos? Le pregunté.

-“Si un poco en una parte.” Me respondió y luego me hizo algunas preguntas sobre el rugby en Inglaterra. Expliqué cuidadosamente pero pensando si tendría eso sentido, porque ni yo sabía como era antes de vivirlo personalmente.

-“Yo hago unas artesanías que si quieren después les puedo dar. Sino cuando vaya a Buenos Aires les llevo. Ustedes me piden y la vez que vaya les llevo.” Dijo Juanca.

-“¿A qué vas a Buenos Aires?

_ “Porque tengo una nena de cuatro años con una válvula en la cabeza y vamos a Buenos Aires a que le hagan controles. Lo que tiene ella es `Neuro hidrocefalia congénita`.  Tenemos que ir muy seguido, pero se hace difícil porque es bastante caro y hay que pagar alojamiento. Nos quedamos ahí en Constitución cuando vamos. Es muy frágil mi nena y tenemos que estar yendo siempre.” Dijo sin tono dramático.

-“Ojala se ponga bien” dije sin saber mucho sobre hidrocefalia ni si tiene cura. Tampoco es cuestión de ponerse a opinar por quedar simpático. Seguimos hablando de rugby y Juanca me dijo:

-”Gracias por venir.”

-“Gracias a ustedes por recibirme estoy muy contento de haber venido y me alegra que les guste a ustedes también.”

-“¿Como no vamos a estar contentos? Para nosotros es como que venga Jesucristo” dijo. Y yo pensé en los Beatles pero no fui yo quien se comparó con él.

Al rato de empezado el entrenamiento Rossi se fue llevándose a papá con él y prometió buscarnos a las diez de la noche para cenar en su casa.  Fue a buscar una rotisería que les vendiera unos pollos. Me pareció raro porque pensé que querría mirar la práctica. Cuando terminó el entrenamiento sentí una linda sensación por haber ido. Volvieron al rato y fuimos a su casa a cenar.

-“ ¿Te gustó Tomi? Yo ya no entreno mucho, a veces ni voy a los partidos. Quiero que no dependan de mí. Siempre estoy, pero ahora pase a la parte dirigencial. Mirá el Sheraton acá, será un barrio marginal pero con la antena satelital no se jode eh ¡Son divinos!” Dijo y lanzó una carcajada.

- “Estuvo buena la práctica. Salió muy bien. Hay chicos con muchas condiciones. A veces parecen fijianos en su estilo de juego, así un poco despreocupado.” Comenté con las imágenes frescas en mi cabeza.

Pasamos por un control de gendarmería y al frenar saludó al oficial por el nombre. Contó que hacía poco había estado en una balacera junto a los gendarmes contra unos bandidos.

Estacionamos el auto en una estación de servicio frente a su casa donde nos esperaba su mujer Ana María. En la cochera, tenía una colección de  ocho motos antiguas cubiertas por un nylon. En la sala de estar había al lado de un sillón varios misiles de diferente tamaño, como también escopetas y otras armas. Al abrir un armario mostró una colección de botas, trajes y cascos de la segunda guerra muchos con la insignia esvástica. En el comedor una repisa estaba adornada con las fotos de Hitler y Goebbels mezcladas con imágenes religiosas como un díptico de la virgen que adentro tenía un pequeño muñeco del Fuhrer.

-“Mira esto. Es una bayoneta, ves los dientes que tiene. Te atraviesa y rompe todo, tocá, tocá. Es alemana. Tambien tengo algunas de los chotos.”

-“¿Quiénes son los chotos? ¿ Los aliados?” Pregunté mientras tocaba el arma.

-“Si, pero prefiero estas. Mirá estas botas y esta campera.” Sacó una campera con la esvástica en el brazo. “Linda para salir a buscar laburo. Tengo de todo, hasta documentos de judíos tengo. Ahora quiero hacer traer un tanque de Misiones. Un Panzer de esos bien grandotes. Estoy tratando de hacer el primer museo de guerra de Formosa.”

Mientras tanto Ana María preparaba unas ensaladas y su hijo Guillermo, ayudaba con la mesa y sonreían. Permanentemente sonreían. Eduardo salió al patio y me llevó con él a conocer a sus perros, dos dogos de noventa kilos cada uno. Con miedo salí y fui olfateado mientras él me explicaba sobre como mantener a los perros ágiles y fuertes. Me molesta que los perros me huelan la entrepierna pero a estos no me animaba a sacarlos. Entramos para sentarnos a comer. Rossi rezó en voz alta antes de comenzar y todos respondimos amén.

-“De acá nos vamos para Salta y después a Jujuy. No sabemos cuantos días; vamos a ir viendo ¿ Como está la ruta a Salta?¿Es la 81, no?” Largó papá después del rezo.

-“Si es la 81. Esta buena, pero hay muchos animales salvajes. Salta es muy lindo, la gente también, muy amable. Jujuy no me gusta. Mucho bolitaje. Son medio soretes los jujeños. Hay mucha discriminación hacia nosotros.”

-“¿Quiénes son nosotros?” pregunté confundido.

-“El Hombre blanco, bola.” Dijo mientras despellejaba el pollo. “Con vos tengo que hablar Facundito del tema cristianismo. Vi que tenés un rosario colgado.”

-“Si es un rosario.” Dijo Facu.

-“Bieeeen, bieeeeeen. ¡Que divino Facundito!¡Es una monada! ¿La están pasando bien? ¿Qué les pareció?

-“Facu estuvo misionando. Estuvo en Trenque Lauquen hace poco y esta colaborando con Ludotecas, que es un grupo que va a villas a jugar con chicos del barrio.” Contó papá mirando a mi hermano.

-“Es terreno fértil para adoctrinar ¿ Cuando vas a venir de nuevo Facundito?” Cuestionó.

-“No se, ni idea” Devolvió mirando al piso convencido de su respuesta.

Cambiando de tema Rossi nos comentó acerca de la conferencia de prensa del día siguiente en OSECAC, y nos mostró dos diarios que hablaban sobre mi presencia en la provincia de manera idéntica en ambos. Nosotros adelantamos que al mediodía teníamos una invitación de Eduardo Barrios, del club Aguará y viejo conocido de papá, para almorzar.

Rossi se largó a contar historias de su época de jugador en Europa que se extendían y costaba seguirles el hilo.

-“… ahí ese año jugué en el Valence D´Agen y jugaba Leconte, Ziganna, Charvet, Bonneval, Codornuy ¡Unos nenes! En un partido entró y en frente estaba Dintrans, se tira en un ruck de cabeza y le meto un rodillazo en las costillas, se para y me dice ‘ Enfant, tu es très pigeon.’ En francés me dice.  La proche fois t’assassinera’, Nene , sos muy pichón la próxima vez te asesino, yo temblaba, me hacía caca encima por poco…” Dijo entre risas. Nosotros nos ocupabamos de escuchar y comer. Yo todavía no me había bañado después de la práctica y estaba cansado.

-“Igual a mí hay algo de Europa que no me gusta” continuó “Hay mucha desigualdad, eso a mi no, a mi no… Cuando me invitan al estreno de la película no fui, no fui. No me gusta esa cosa de divismo, aparte no voy a ningún lado soy muy hermitaño. No voy a las reuniones de la Unión de rugby de Formosa, a ningún lado voy. Y para el estreno no fui, porque viste ahi abren un Champán que capaz cuesta doscientos cincuenta pesos y yo con eso hago tres comidas para los vagos.”

-“Sos de derecha y de izquierda vos entonces” Le dije.

-“Y bueno los extremos se juntan, viste.”

Me entregó una camiseta del club de color negro “por los Maoríes de nueva Zelanda” y con una bandera Argentina que la atraviesa “porque representan a la patria”. Me dijo que no dijera nada porque había jugadores que le reclamaban por no haber recibido una la temporada pasada. Volvimos al hotel exhaustos despues de un día agitado. Nos esperaba otra jornada intensa.

(Continuará)

Kurtz (capítulo 1)

08/02/2010

La película “La quimera de los héroes”, dirigida por Daniel Rosenfeld y premiada en Francia, muestra a Eduardo Rossi como una suerte de coronel Kurtz criollo; sin guerra, sin Marlon Brando, sin Vietnam, pero con otros problemas no menos graves. Dice la crítica del diario Página 12 del 4 de noviembre de 2004:

¿ Quién es Eduardo Rossi? Mejor aún, ¿qué piensa realmente? ¿Es posible que un hombre cambie su manera de entender al mundo de un día para otro? ¿Qué queda en él de su vida anterior? (…) Salvo Rossi, son todos aborígenes, indios tobas de la provincia de Formosa. ‘Yo fui uno de los pocos blancos a quienes le abrieron su corazón’, se ufana. Paulatinamente, sin que medie el relato de ningún narrador, se irá sabiendo que Rossi ha decidido redimirlos de la desesperación y el alcohol organizando con ellos un equipo de rugby.

Rossi también parece tener mucho de qué redimirse. El mismo reconoce que pensaba y actuaba como un nazi, que no aceptaba acercarse siquiera a nadie a quien él considerara distinto. Pero ‘mi vida cambió radicalmente cuando, en Francia, conocí el Museo de la Resistencia y el Museo del Holocausto. Para cambiar hay que tener huevos. Y los tuve. Yo tenía que sacrificarme’, afirma dramáticamente. ¿Cuánto cambió Rossi? En primer lugar, no ha dejado de coleccionar cascos y armas de la Segunda Guerra Mundial, particularmente de la Wermacht, el ejército alemán. Su pueril militarismo, como el de un chico grande que sigue jugando a la guerra, también sigue incólume. Y su manera de dirigirse al Aborigen Rugby Club corresponde menos al de un entrenador que al de un sargento, arengando a la tropa y entrenándola como si fuera a entrar en combate…”

Ví el estreno de esa película en una sala vacía de un cine de Boulogne en el año 2004. Una idea empezó a rondar en mi cabeza, pero sólo pude llevarla a cabo un tiempo después.

Ricardo de Vedia, mi papá, fue jugador de rugby. Hizó muchas amistades por eso y siempre lo invitaban de clubes de varias provincias. En el año 1992 viajó a Formosa para disputar un partido amistoso con el club Aguará. La noche previa al partido, mientras estaba con un amigo en la habitación de un hotel, los despertó un ruido en la pared. La curiosidad los llevó al pasillo: ahí estaba Eduardo Rossi, vestido de rugbier y con un casco protector, dando golpes de cabeza contra la pared y haciendo flexiones de brazos. Estaba ansioso, porque según él era su partido de despedida. Fue el primer encuentro de mi viejo con Rossi, que se presentó como un jugador nómade que había pasado por varios clubes de Argentina y algunos de Europa.

Poco tiempo después, Eduardo Rossi apareció en la oficina de papá, orgulloso con un cheque conseguido tras una reunión con el presidente Carlos Menem. Contó que se había presentado en el despacho del mismísimo Turco para contarle su idea de crear una fundación de rugby para aborígenes y las dificultades que tenía para conseguir apoyo o subsidios. Al instante, el picado por la avispa dispuso que le dieran cien mil dólares.

No fue fácil conseguir el contacto de Eduardo Rossi. En la Unión Argentina no tenían su teléfono, aunque me pasaron el de la Unión de Formosa. Cuando llamé, me atendió un paisano que me respondió con mucha tranquilidad que allí no era eso, que siempre llamaban pero no sabía dar respuesta. Finalmente, tras una pequeña investigación, pude dar con él. En un correo electrónico le expresé mis ganas cercarme a su club en la provincia de Formosa y compartir unos días con los tobas.

En su respuesta positiva me daría cuenta del porqué de su apodo. No tardó nada en responder. A pesar de estar alejado, se maneja con Internet que lo mantiene comunicado con el extraño mundo virtual. Antes cualquiera que viviera tan alejado hubiese sido considerado un desaparecido.

El primer contacto fue en enero.  La mejor fecha para hacer el viaje era julio. Mi papa, Tacho y mi hermano Facu se hicieron de la partida en seguida. En un momento pensé en hacerlo con mi novia de Uruguay. Hubiese sido imposible, primero por razones externas que verán parráfos adelante y segundo porque en ese momento comenzó el naufragio de nuestra relación.

De hecho, antes de partir a Buenos Aires fue la última vez que la vi, en el puerto de Montevideo. Fue un buen final para una película de Humphrey Bogart, viéndola por última vez desde el barco sin saber que era la última. Mejor así tal vez. Las despedidas largas y sensibleras son insoportables.

Al día siguiente estabamos cargando la camioneta para salir desde San Isidro a Formosa.

Salimos los tres, papá, Facu y yo en la Ford por la ruta que va al norte en dirección a Rosario. Enseguida surgieron las exigencias, el primer matecito, la parada por el hambre y las conversaciones sobre mi problema con el club en Inglaterra, la cena de papá dos días antes con Quique que después de su separación solo extrañaba a su perro Enzo y que Facu no sabía que también iríamos a Jujuy. La expectativa por el viaje era tanta como la incertidumbre de saber con que nos encontraríamos.

San Justo fue la primer parada estratégica para pasar la noche ya que preferimos no andar en la oscuridad. El dueño del hotel mostrándose cordial en el desayuno se acercó a nuestra mesa. Para donde van, a Formosa, fácil salís acá le das le das más o menos 250 kilómetros son hacés tope en Resistencia tac y le pegás derecho a Formosa otros 160 y estás, ah gracias muy claro quedó. La explicación onomatopéyica es inherente a los argentinos. A la salida del pueblo nos clavamos unos sándwiches tamaño brazo que duraron por tres comidas más o menos.

El General Julio de Vedia combatió bajo las órdenes de Bartolomé Mitre en las campañas de expansión que se cargaron a todos los aborígenes del territorio que hoy es Argentina. Como premio por semejante labor dos ciudades fueron bautizadas con su nombre, una en la provincia de Buenos Aires, la otra en el Chaco, cerca de Formosa. Pensé que sería mejor no contar esto en Formosa.

(Continuará)

Chaplín

28/01/2010

Todo lo que voy a contar es verdad. Desde el momento que se transforma en palabras es. No podría mentir. A veces me preguntan si aquello que escribí pasó y yo digo que sí claro que pasó. ¿Acaso importa? La realidad es lo que la mente ve. El realismo mágico de Crónica TV, la imagen vista desde una rascacielos de gente caminando apurada, la letra de Yellow submarine o un sueño.

Fue un viajón, me dijo. Terminó su vaso, pagó por los dos y se fue sin saludar. El barman y yo mirábamos al frente callados. El sonreía; creo que yo también. Metí la mano en la canasta, saqué un puñado de maníes húmedos y salados. Afuera hacía un frío suicida. Adentro el humo y el olor a alcohol volcado en la barra me seguían dando un poco de ganas de vomitar. Repetí el cuento en mi cabeza por partes. Cada una con sorbos de cerveza.

Cachorro salió temprano de la cucha. Tenía arreglado que los sábados, día de partido, le dieran franco. En una bolsa metió los botines con olor a grasa. Los mismos que el hermano usó cuando metió el famoso try asesino, que dejó sin festejo a los putos del otro pueblo. Dos fotos del crimen estaban colgadas de imanes de delivery de comidas en la heladera. Era el único guarda carcel que jugaba al rugby. Se entrenaba como podía. Boxeaba contra los compañeros y contra algunos de los presos en el ring del patio. Lo último un poco riesgoso pero no en ese penal de pueblo.

El colectivo escolar estaba encendido en la puerta del club. El motor lo batía, amagaba con desarmarlo. El sonido parecía una murga amateur.  Según lo imagino, el sol hacia chivar a la tierra. Ñoño, el pilar, estaba en cuero  y cebaba mates para todo el que llegaba. Ahí llegó Cachorro, ¿Qué haces mijo?¿Quién falta? Preguntó Duarte, entrenador, dueño y conductor del colectivo que adentro tenía un kiosco que atendía su hijo. Duarte era un gitano andaluz emigrado por razones de fuerza. Se le acabaron los Euros, se enamoró y quedó. En Cádiz fue el único cantaor flamenco que jugaba rugby. Cachorro agarró el mate que le tocaba y antes de chupar la bombilla dijo que el Álamo por ahí no llegaba. ¡No, el Álamo! ¿Como no avisa antes? Avisó, si te estoy diciendo que por ahí no llega, se tenía que quedar arriba de la montaña controlando que no haya incendios.

No les faltaba cualquier jugador, les faltaba el Álamo como si ese nombre no lo dijera todo. La bola de Bowling que desparramaba muñecos por la cancha se quedó vigilando la montaña. ¿A quién llamar si en el pueblo no hay muchos dementes que estuvieran dispuestos a hacer 400 kilómetros para jugar un partido? De local quizá alguno envalentonado por un trago de algo se hubiese animado por más canto rodado y tierra seca que tapaba la cancha. Pero no había trago, ni valientes y la distancia en un colectivo escolar era un tester de paciencia. ¿Y si lo traes a Chaplín? preguntó el gitano Duarte. Cachorro lo dudó. Para sacar un preso y llevarlo de viaje, por más que fuera solo un día, necesitaba permiso del director. Galopó dos cuadras en un caballo imaginario hasta el penal.

-Permiso, dijo tocando la puerta.

-Pasá Cacho, ¿que pasa?

-Necesitamos a Chaplín para jugar contra los putos del otro pueblo.

-¿A Chaplín? Lleválo pero si lo perdés lo reponés.

Desde la puerta de la celda vió una pila de huesos y carne que transpiraban acostados en una cama. Boca arriba, con las piernas cruzadas, Chaplín hundía el colchón. Su vista no se movía de las páginas de un libro. El preso daba, en la cárcel, un taller literario al que Cachorro no faltaba jamás. Enseñaba los yeites de la literatura. Charlaban sobre Faulkner, Leonidas Lamborghini, criticaban a Borges y a Cortázar y los dos creían que el poema Sin llaves y a oscuras de Fabián Casas era perfecto. Cacho miró quince segundos como comía palabras.

-¿Qué hacés Chaplín?¿Que lees?

-Pensé que hoy no trabajabas vos. Estoy leyendo a Kerouac ¿lo conocés? Este libro es la esperanza, se llama En el camino. La traducción no es buena pero no cambia mucho.- dijo el preso desde la cama sin dejar de leer. Tenía la capacidad de hablar sin dejar el libro.

-No leí nada de Kerouac. Empecé ayer uno de García Márquez que alguien me aconsejó y a las setenta páginas sentí una explotar una granada en el cerebro. Me cagó la vida. Che, nos falta uno para ir a jugar contra los putos del otro pueblo ¿querés venir?

-Bueno voy, no tengo otra cosa que hacer más que saber a donde van a ir Dean Moriarty y Sal Paradise en el libro y lo puedo hacer en el ómnibus- dijo, cerró el libro se sentó en la cama y sonrió.

-¿Me prometés que no te vas a escapar?

-Ni loco me escapo, acá la paso bien.

-Chaplín, ¿Cortázar podría haber sido un buen segunda línea, no? Grandote, brazos largos. Lo imagino aguerrido.

-No creo, ¿Sabías que Borges le pegó un bastonazo en la cara una vez? Lo retó porque le pareció que Los Premios era sencillamente deleznable. Quedó turuleco un buen rato y después se hizo más gangoso que nunca.

-Mirálo al cieguito repartiendo ¿Será por ese golpe que hizo los capítulos intercalados de Rayuela?

-No, eso era el faso.

Armó un bolsito rápido, metió un par de libros, un par de botines Ocelote y esperó a que Cachorro abriera la puerta. Le palmeó la cara y pidió fuego. Caminaron hasta el colectivo escolar por la única calle asfaltada. El sol tiraba rayos letales. De lejos se escuchaba la música gitana. Soy gitano y vengo a tu casamiento a romperme la camisa, la camisita que tengo, gritaba Duarte.

Salieron del pueblo dormido todavía. El único que los despidió fue el borracho del bar acostado en la vereda. El colectivo no tenía asientos. Algunos se apoyaban contra la pared, otros más vivos llevaron almohadones. Adelante el hijo de Duarte tocaba la guitarra y su amigo el cajón peruano a la vez que vendían bebidas y por unos pesos más ofrecían lustrar los botines con margarina. Si el tema le gustaba demasiado al chofer era peligroso. No se puede manejar y cantar con los ojos cerrados. Un poco más atrás Ñoño jugaba al póker con Rata Saa, Lecter y un cuarto muñeco del cual no recuerdo el nombre. Se apostaba fuerte parece. Aparte de guita, ponían cerdos, caballos, el almuerzo de ese día. Cachorro y Chaplín discutían el verso de un poema que planeaban escribir usando todos los sustantivos del himno argentino. Atrás de todo, los inadaptados de siempre desafiaban a los de adelante, a los otros autos, a dios y al diablo a demostrar su hombría cantando canciones de cancha.

El paisaje se quemaba por un fuego invisible. Los animales, que eran pocos, pedían el tiro de gracia bajo minúsculas sombras. Dentro del escolar no sabían si abrir o cerrar las ventanas. El concepto de tiempo ya para todos era obsoleto, una imposición que genera impaciencia ¿Vale la pena viajar tanto por un partido de rugby? Por este partido cualquier cosa. Renunciar al trabajo, perder una tarde en familia, someterse a los cantos de Duarte y calor como el del subte de Buenos Aires en verano.

-Ya falta poco y estamos justos de tiempo. Vayan precalentando acá adentro porque los dejo directo en la cancha.- dijo el chofer mirando para atrás descuidando completamente el volante.

La peor parte de cualquier deporte puede mejorar en un bondi. Chaplín no tenía claras las reglas aunque tacleó a cinco tipos sin pelota de frente con una violencia hermosa. Era un despiole, una coctelera de desquiciados a punto de explotar de adrenalina. La transpiración acumulada era un río que tapaba los tobillos de todos. A puro grito y lamento gitano los arengaba Duarte.

En el pueblo no había nadie, solo una mujer en ojotas manguereaba la vereda hipnotizada con el chorro como si eso fuese todo su universo. En la estación de servicio un palo de escoba hecho persona miraba desconfiado desde su reposera. Los frenos de aire soplaron fuerte aliviados en la puerta del club de los putos del otro pueblo. En la cancha nadie, solo piedras y vapor. Anda a fijarte vos Cachorro gritaron varios. Chaplín lo compaño. Caminaron lento, dudosos, hasta la casita blanca con techo de chapa. Por la ventana vieron a un perro flaco y un hombre mirándose las caras.

-Señor vinimos a jugar el partido contra los pu… bueno, contra ustedes.¿Donde está el equipo?

-Ah, pero que pena che. Ellos fueron para tu pueblo mijo.

-¿Cómo? Si jugábamos acá. –Cachorro miraba al perro esperando una respuesta que llegaba en forma de bostezo. El preso literato apoyó la mano en el hombro de su amigo.

-Si, fueron esta mañana-Dijo el hombre y se sirvió un mate.

-Los tendríamos que haber cruzado, ¿no?

-No se, che. ¿Quieren un matecito?

Volver a decirles tal noticia a todos era un drama. Su boca abierta lo hizo por si sola. Putearon quince minutos seguidos sin comas ni puntos hasta que Duarte propuso hacer un tercer tiempo, que venía a ser primero o decimoquinto según el punto de vista. Hay que conseguir algo que derrita el cemento, gritó y pidió música a su hijo. Todos estuvieron de acuerdo. Que tristeza para Cachorro. No le interesaba volver a hacer ese viaje metafísico de vuelta.

-Che, Chaplín yo me quedo acá. Me voy a hacer un viaje. ¿Podés volver solo a la carcel?

-¿A dónde vas a ir?

-No se, tal vez me vaya a la ciudad, me vuelva loco, me haga rico y me case.

-Yo te prometí que iba a volver pero prefiero acompañarte. Vamos a recorrer todo el mundo, tenemos que ver todo, hacer dedo hasta quiensabedonde.

La caravana se iba excitada, sin ellos, con el empuje de la guitarra y los gritos borrachos de todos. La miraron un rato y caminaron. Entraron a tomar mate con el hombre de la casita. Por la noche durmieron junto al perro. Al otro día hicieron dedo en la ruta. Siguieron por diferentes pueblos y países hasta que uno de ellos me lo contó en el bar esa noche de frío suicida que comí maní y tomé cerveza.

El satánico doctor No Podés

21/01/2010

A Raúl Suarez

Ayer tuve un sueño muy raro. Bueno no tan raro, era un sueño nomás que vuelve una y otra vez a la noche. Les cuento y si alguien tiene el libro de Freud que dice como interpretar los sueños que me de una mano. Yo creo que se de que se trata pero ahí va: tengo un partido y de alguna forma no llego nunca, se que tengo que ir y no voy y cuando finalmente llego no tengo el bolso con la ropa. Es peor que soñar con que se camina desnudo en la calle para mí. Hasta ahí iba todo normal en la maldita película somnífera, si normal es que pase todo eso tan desesperante. El tema es que esta vez llegaba al partido, tenía el bolso y cuando iba al vestuario el Negro Basán, el utilero del club, me decía no podés jugar vos. ¿Como que no, Negro? Estoy al día con la cuota, no estoy lesionado, ¿Qué te pasa? Correte y dame la camiseta. Te digo que no podés, son órdenes de arriba. ¿De arriba de quien? ¿Estás chiflado vos o qué? Mirá que cuando me cuentes tus experiencias en el fútbol profesional de Bolivia la próxima vez no te voy a dar bola, Negro. En eso se acerca Mariano Grondona vestido con una malla floreada, una remera legacy de cuello y mocasines y La Nación abajo del brazo. ¿Qué hace este tipo acá? Pensé. Se para frente a mí y empieza a hablar de la antigua Grecia. Habló como diez minutos, que en tiempos de sueño es nada, como una milésima de segundo, para terminar con que por eso no podía jugar. Yo le dije mirá Marianito, no entendí ni jota de lo que acabás de decir, yo se que tus columnas son súper inteligentes pero acá la dialéctica se te fue de las manos. Atrás de él apareció Macri y me pareció copado que estuviera y le dije que vuelva a ser presidente de Boca así ganamos algo de nuevo. Se rió Mauri, me abrazó y me dijo no podés jugar. No che, pensé, que mala suerte porque estoy muy entrenado. Ya sé, me contestó el ex presi Xeneize pero la idea es que te entrenes para exponerte en la rural. ¿En la rural? le dije. No, eso es un embole. Bueno pero vamos a mostrar a las jugadores mejor entrenados del país y vos sos uno de esos. Ya todo el sueño se había puesto de lo más aburrido. Si era consciente del aburrimiento me hubiese despertado y me ponía a mirar www.flickr.com/photos/elpicaflorbailable que tiene los mejores dibujos de una amiga. No me desperté porque la discusión con Mauricio y Mariano se interrumpió por una voz que salía de un parlante que está colgado en el mástil que divide las canchas. Cerca nuestro estaba la dueña de esa voz que gritaba ¡YA NOS SECUESTRARON LOS GOLES, AHORA NOS QUIEREN SECUESTRAR LOS TRIES! Uy se armó dije yo que no quería que se caldearan más los ánimos. Pero era casi inevitable que esa cartera de Louis Botón acompañada de una mujer no se les fuera al humo a mi impedidores. Pará Cris, no exageres le dije yo, tampoco es para tanto ¿por qué mejor no lo conversamos fernet de por medio? Vamos directo al tercer tiempo que es lo único que importa, ya van a ver como se ponen de acuerdo como lo hacemos después de los partidos todos los trogloditas que jugamos al ragbi. Y ahí fuimos. Mauricio subió al escenario donde tocaba una banda, cazó la guitarra y peló un solo genial en Simpathy for the Devil mientras Cris hacía el corito whoo-whoo, whoo-whoo. Grondona no hacía nada, estaba enojado porqué al abrir una cerveza que estaba batida se enchastró todos sus mocasines. Al rato le entró al fernet y terminó pogueando a lo loco.

Y yo me desperté. Boca se comió tres con River decía el diario. ¿Qué Macri vuelva a Boca? No se si necesita que vuelva Macri o qué pero Basile a sus casi cien años de edad debería pensar en retirarse a una vida más saludable. En seguida me lo replantee como en el sueño ¿Qué Macri vuelva a Boca? y eso me hizo darme cuenta de que me importa verdaderamente un rábano Boca, sino que soy solo hincha de Palermo y Román.

A la tarde tenía un partido de fútbol con mi tío, el Zinedine Zidane de Boulogne, y amigos. Llegué al anexo y al primero que ví fue al Negro Richard Basán cortando el pasto. Me dijo claro que pueden jugar ahí ¿te inflo la pelota?

El rugby comunista

14/01/2010

Hoy hay un piquete que corta la General Paz y seguramente un montón de gente pondrá su peor cara de culo por no poder ir al trabajo o donde sea que tenga que ir. Otros, acostumbrados a la pequeña guerra civil en el amazonas urbano, van a buscar atajos o simplemente no irán. Mi mamá, por ejemplo, tiene que viajar desde San Isidro a Adrogué a ver a mi abuela y ya la vi mirando la filcar.

Al rugby argentino le están haciendo un piquete. A los jugadores no se les deja jugar en sus clubes por pertenecer al Pladar que contradice un ridículo estatuto. Los representantes de algunos clubes decidieron que esos jugadores que son profesionales no pueden jugar contra los amateurs.

Escuché que uno de los temas es el temor por la seguridad. Que un tipo trabaja todo el día y tiene menos tiempo de entrenarse corre riesgos ante uno que se dedica solamente a entrenarse. Eso a mí me hizo mucho ruido. La preparación física no es cosa nueva. Cualquier jugador hoy se entrena al menos un día mas a la semana y casi todos van al gimnasio.
Por ejemplo en el SIC el año pasado se entrenaba cuatro veces y nadie estaba obligado. De hecho nadie que juega al rugby esta obligado a nada, ni siquiera los que están en el Pladar. Yo mismo, como muchos, tuve mi propio Pladar personal para prepararme a jugar al máximo de mis capacidades aunque el sponsor que tenía era mi papá, no voy a negarlo.

La UAR con estos planes le facilita a estos jugadores todas esas cosas. Algunos creen que entrenan chocando autos en la ruta, levantando casas y corriendo contra chitas. Bueno pero no se trata de realismo mágico; es casi lo mismo que hace la mayoría pero con una remera que tiene un gato en el pecho y cobrando por eso. ¿Qué, está mal cobrar por hacer algo que te gusta?

Más perjudicial es jugar una Copa Buenos Aires donde juegan todos los equipos desde Top 14 hasta Grupo 4 en jornadas de varios partidos en un mismo día. Ya de por sí el mecanismo del torneo no parece divertido y es peligroso. Creo que ni necesito explicar porqué pero solo puedo decir que por algo los mejores equipos juegan en primera.

No voy enumerar la cantidad de bestialidades que se hacen en el amateurismo con la excusa del amor al deporte. No se que ideas son esas; como si dedicarse de lleno a eso no lo fuera.

Lo peor para quienes se oponen al profesionalismo pareciera ser más que nada la palabra misma. Una especie de Apocalipsis. Es que lo que más me llama la atención es la postura de esta gente que pretende un aislamiento del mundo rugbistíco, que seamos una Cuba del rugby. Es muy curioso porque el rugby en Argentina y en líneas generales es un deporte de la elite, conservador, antiperonista diría. Estos mismos opositores se pusieron el traje de Che Guevara (que mala palabra!) y defensores de un populismo insostenible. Y que lástima que no se dan cuenta porque va en contra de su exacerbado antiperonismo.

¿No quieren rugby profesional? Muy bien, no llamen Top 14 al torneo de la URBA, no televisen más los partidos,  no hagan más de las finales un show mediático porque si van a tener una postura tan ortodoxa que sea firme.

¿Que se doble pero que no se rompa?

Globbetroters del ostracismo

20/12/2009

Las historias que te cuentan cuando sos chico se transforman inevitablemente en una especie de oráculo innegable. La mayoría de las que escuché yo venían de la boca de mi viejo. Las se de memoria casi todas y debe haber algunas que no son tan exactas, pero que importan los hechos concretos si solamente quedan en un lapso de tiempo. Toda historia tiene diferentes ángulos y para eso están los buenos narradores. Nada como una historia bien contada. Si él quisiera podría escribir un libro como Yo soy el Diego de la gente pero no tan exagerado como esa biblia del hombre que según varios es dios hecho hombre con botines.

En el ’77 cuando llamaron a mi viejo al seleccionado por primera vez pasó algo que hoy resultaría insólito: lo suspendieron a él y otros jugadores por oponerse a la capitanía de Hugo Porta y preferir a Arturo Rodríguez Jurado. No solo eso sino que querían que el entrenador fuera Veco Villegas. Nunca entendí como te podían suspender por algo así, aunque no eran tiempos fáciles esos. Además, y esto es un pensamiento mío nomás, por lo que tengo entendido Arturo era un crack. Fuera de eso parecía el Marlon Brando del rugby.

Hay una milonga que termina así “…y luego besuqueándole la frente, con gran tranquilidad, amablemente… le fajó 34 puñaladas”. Bueno de esa forma más o menos les dijeron que no iban a poder jugar en el seleccionado. Una carta muy formal con palabras aburridas les avisaba que por cinco años no podían ni pensar en ponerse la camiseta argentina o de Buenos Aires y terminaba diciendo atentamente. Como protesta contra eso me contó que hicieron un equipo que se llamaba Cimarrón XV y jugaba partidos amistosos. En casa había una foto, un poco amarilla ya por la vejez (las fotos dan la pauta concreta de la vejez por eso la gente quiere salir bien, para en el futuro pensar que no envejeció. Pero las fotos envejecen irremediablemente). La camiseta era tremenda, marrón al cuerpo y el look de los jugadores bien salvaje en una época muy rockera. No podía demostrar otra cosa un equipo de rebeldes.

Hubo un tiempo en que ya ni me acordaba de eso. Hasta que hace poco cuando entré en una clase en DEPORTEA. Alejandro Clopet, periodista y docente, hablaba de la historia del ragbi en Argentina y no sé si por casualidad nombró a aquél conjunto de Globetrotters del ostracismo. Ah entonces no soy el único que sabe esa historia, pensé.

El sábado me levante con la lluvia para ver la final del mundial de clubes. Hago un parentésis para preguntar si a alguien más le parece ridículo que ese partido se juegue en Emirátos Árabes. Los carteles del costado de la FIFA decían que su sitio en Internet está ahora también en árabe. Después la imagen de Blatter, Platini y Corleone Grondona entregando los premios con unos tipos con turbante me pareció ridícula y obvia a la vez.

El multimillonario Barsa jugaba contra el tercermundista Pincharratas. No me decidía por quien hinchar. Por un lado el equipo Catalán juega bien y lo tiene a Messi, que parece ser el responsable de la felicidad de todos los argentinos, lo cual lo pone en una situación comprometida. A mi simplemente me parece un jugadorazo y mi felicidad no depende de él ni por poco.

A Estudiantes lo vi en la semifinal que jugó en Montevideo contra la violeta. Siempre le tuve simpatía al León porque de ahí salió Palermo que para mí es como un profeta moderno que inspira amor propio. Ahora tiene a otro profeta que volvió para redimirse de los pecados que le atribuyó el pueblo: La Bruja Verón.

Lo que más me gusta de Verón es que va totalmente en contra de los protocolos preestablecidos. Primero porque es un tipo que es pelado por elección propia. En la entrega de premios su fastidio era tal que recibir el balón de plata le importaba un comino. ¿A quien le puede importar un premio tan pedorro como ese que reparten unos gordos con traje? Bueno y ni hablar de haber vuelto a su club y ponerlo en el Olimpo futbolero y encima romperla.

Hace poco Arturo Rodríguez Jurado se jugó un round con la parca pero por suerte zafó. En la fiesta de Leyendas del Rugby le hicieron una mención y su hermano Jaime leyó unas palabras de parte del Trompa. Habló de aquél equipo de los Cimarrónes. Todo esto me lo contó mi viejo en el auto y ahí me volvió a contar la historia del origen de ese equipo. Después hablamos de Estudiantes y de Verón. Nos quedamos callados un momento y le dije la Bruja es un cimarrón también.

(Gira mundial-VII) Abstinencia

02/12/2009

Me gusta cuando se inventan verbos como guglíar, ningunear o alunizar. ¿Quién habrá sido el que dijo cuando Neil Armstrong pisó el suelo lunar que alunizó? Un hábil lingüista seguro.

Con el dolor de la derrota en el último partido argentinizamos en Ezeiza el domingo a la mañana. Para no desentonar llovía en la tierra peronista y la queja de los locales de regreso porque el aeropuerto es un desastre, porque se vuelve a los piquetes, porque allá todo funciona y acá no, retumbaba en mis oídos casi como un millón de voces de un sueño molesto. Esa queja que más que queja es un intento por demostrar que se viajó y se conoció otra forma de vida, más civilizada (?) pero no saben que nosotros venimos de allá también y lo vimos todo. Pero acá, en peronismolandia, tenemos esa extraña relación de amor y odio con lo nuestro.

Ya pasados unos días de terminada la gira empiezo a sentir el síndrome de abstinencia, el cold turkey como dicen algunos, pero este es sin drogas. Sufro la falta de mis socios, la necesidad de calzarme los timbos para encarar a la cancha a correr y sobre todo la adrenalina de la semana previa a un partido.  Me levanto en casa y ya todo es distinto porque primero tengo que hacer mi cama y después no me encuentro con Puchenko, con el Gato o Lucas Bull en el desayuno. Es un mano a mano con mi plato de cereales, el termo y el mate que me dicen metele pata que te tenés que ir a laburar hermano. Lo que no hice en cuatro años por estar afuera es una realidad en este húmedo diciembre pero no me afecta demasiado.

Y al mediodía enfilé para Brandsen, plena pampa, para completar un mes de paisajes de lo más variados. Desde la experiencia casi surrealista de visitar la ex Unión Soviética, la tierra de Stalin y de tipos curtidos por el paso del comunismo y el vodka, para después ir a la tierra de uno de mis antepasados, del país en el que tiene origen una salsa para fideos y terminar en la tierra del rugby obsesivo.

Entonces casi como cierre y cayendo en la cuenta de que un gran final de gira (aunque ya terminada) sería parar en la mejor parrilla al paso que conozco. En el kilómetro 41, pasando La Plata, hay un acoplado/parrilla que es el secreto mejor guardado de esas pampas y los camioneros que pasan por ella.

Y saboreando el pedazo de tira, el que hace enorgullecer hasta las lagrimas a los viajantes con camisetas de la selección en el extranjero pero no a mí porque es solo una comida exquisita y nada más que eso, ni mi identidad ni nada parecido, es que me puse a pensar en que el rugby me ha llevado mucho más lejos que los destinos que visité.

También me lo hace pensar un tipo con el que laburo que nunca había visto el Río de la Plata, que ni siquiera sabía que Buenos Aires estaba a orillas de un río. ¿Le explico que estuve en Europa o me limito a decirle que estuvo buena la gira y no metí goles?

¿Y qué le explico cuando me pregunta y ahora? Ahora me invitaron a jugar al rugby a Ushuaia, al fin del mundo como le dicen. No está nada mal ir al principio y al fin del mundo en solo un mes y todo por una pelotita de cuero.

Naci el 31 de Mayo de 1982 al lado del hipodromo de San Isidro.

En este espacio quiero compartir mi voz, y mi ideas hablando no solo del rugby sino de las historias que hay detrás de este deporte.

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