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Podría escribir una crítica a la sociedad o al sistema penitenciario, hablar de injusticias, de infamia o de marginación pero no es mi lugar. Esto es tan solo una crónica que cuenta la función que cumple el rugby en la unidad número 48 del servicio penitenciario de San Isidro y San Martín. Esta carcel está ubicada a un lado del camino del Buen Ayre en lo que solía ser un terreno relleno con la basura recolectada. También funcionan allí las unidades 46 y 47 pero estas son de transición y más chicas.
Eduardo Oderigo trabaja en un juzgado y tras una visita al penal se le ocurrió que había que enseñar rugby de San Isidro. Al principio la convocatoria no fue muy grande pero con el correr de las semanas se fue sumando gente hasta lograr un número entre quince y veinticinco.
Uno asocia deporte en la cárcel con la película “Escape a la Victoria”, donde actuaba Stallone, Michael Cane, Pelé y Osvaldo Ardiles. En esa fantasía ochentosa, un equipo de prisioneros aliados en la segunda guerra juega un partido que organiza el ejército Nazi y terminan escapando entreverados entre el público eufórico que invade el campo del juego. Nada de eso. Para empezar, enseñar rugby a alguien que no lo conoce ni jamás jugó o siquiera vio un partido es más difícil que lograr que el intérprete de Rocky aprenda a hacer jueguitos con la redonda. Hay una similitud con esa historia: el objetivo de un partido con presos del penal de campana en un futuro cercano.
A las siete de la mañana ya no podía conciliar el sueño. Mi hermano entró a mi cuarto antes de irse a la facultad a avisarme que Santiago Artese me había llamado la noche anterior preguntando si quería ir a la cárcel a enseñar rugby. Cuando una semana antes le pregunté por eso no imaginé que sería tan pronto que me invitaría. Me puse a hacer la cama, buscar ropa y un grabador. Calenté la pava pensando mucho, es en esas horas donde más me trabaja la cabeza y es el mate el que me ordena esas ideas. En el placard no encontré, curiosamente, mucha ropa de rugby, o por prejuicio propio no quería elegir algo llamativo así que me puse una bombacha de campo, un buzo y zapatillas. Eduardo “Coco” Oderigo me esperaba para ir junto a Benjamín Renard y Carlos Roldán al penal.
Solo nos pidieron identificación, abrieron el baúl del auto sin revisar demasiado e ingresamos. Creo que si llevábamos un bazooka en nuestros pies, granadas en la bolsa de camisetas o una torta con una lima adentro no nos descubrían. Las torres desde donde los guardias controlan están sobre una pared a 15 metros de altura. Dentro del precinto a la derecha había una huerta, con algunas gallinas vagando en lo suyo; a la izquierda un perro Rodweiler atado a un poste y una cancha de fútbol de tierra, piedras y cercada. Dentro de la cancha había un grupo grande de personas; eran los presos de varios bloques que encerrados aguardaban allí porque había una pesquisa en las celdas. El día anterior hubo una pelea de cuchillos y los guardias revisaban las celdas en busca de armas. Unos pocos deambulaban fuera de la cancha, seguramente los de mejor conducta. Pablo, uno de ellos, nos recibió. Corpulento y el mismo corte de pelo de la mayoría: muy corto, con un flequillo parejo. Diego que venía más atrás con un aspecto débil, un tamaño pequeño, una gorra y un tatuaje con tinta azul en la cara, nos saludó a todos con un beso y dijo:
-“Hubo Bondi y están haciendo una pesquisa. No nos dejan jugar, loco. Todo mal.”
-“¿Qué pasó?” Preguntó Coco Oderigo y saludaba a los muchachos que estaban dentro de la cancha de fútbol “Hola Claudio, Mario ¿Cómo andan?”
-“¡Hola Coquito! ¡Vamo ‘a jugá ‘l rabi!” Gritó Claudio, un grandote de ojos claros con pinta de alemán, desde el alambrado. “Pregunten si podemo juga’, queremo jugá’ pero se armó lío. Hubo uno’ que se agarraron a puñalada’ y están haciendo pesquisa ahora”
-“Voy a ir a hablar con el director” Prometió Coco. Nosotros junto con Diego y Pablo lo seguimos. En el camino aparecieron Ariel y Diente también indignados por la situación. Ariel es muy verborrágico e impone respeto por sobre el resto. Su actitud puede parecer desafiante. “Diente” es más sumiso y simpático, su sonrisa delata su apodo. Por el corredor se abrió una puerta de donde salieron dos tipos con un carro lleno de pan recién horneado. Pasamos por al lado de una celda, dijimos buen día a los ojos que nos analizaban de adentro y a los guardias que pasaban. Nos encontramos con “El Chaqueño” uno de los entusiastas del equipo. Tiene una mirada fuerte, penetrante pero nos saludó de manera amable. Esperaba hablar con el director también porque semanas atrás había fallecido su suegro y el día previo su suegra. Necesitaba entonces ir por veinte minutos, el tiempo permitido cuando sale y lo llevan, para ver a su familia. Sus hijos juegan en las inferiores de River. Uno de ellos estuvo por ir a jugar al exterior pero necesitaba un permiso por ser menor, cosa complicada estando el padre preso.
-“¡Que cagada que no podemos jugar! Estábamos todos esperando ¿No pueden venir mañana?” Se lamentó “El Chaqueño”.
-“Vamos a ver si podemos hablar con el director. Mañana no podemos venir nosotros. Hay que organizar y ya hoy nos comprometimos pero mañana cada uno tiene otras cosas que hacer. El martes que viene si.” Explicó Coco.
-“Pero deciles que se porten bien esta semana” dije yo y me pregunté si era conveniente mi comentario, pero la sonrisa y la respuesta de “si, loco, si” me tranquilizaron.
Mientras hablábamos con “El Chaqueño”, Diego entraba en la oficina del director a rogar un cambio en la decisión, con toda tranquilidad. Otros guardias saludaban con beso a Ariel que se acercó haciendo chistes. La relación guardia-preso es bastante ambigua: comparten todos sus días en una especie de relación de amor y odio. Al lado nuestro llegaban otros dos carceleros con un joven al que pedían se desvistiera. “Diente” nos preguntaba si iban a poder jugar. Cuando corrí la vista a mi derecha el otro chico ya estaba totalmente desnudo y los guardias lo hacían darse vuelta, levantar los pies y los brazos. No pude aguantar el pudor mezclado con indignación y miré de nuevo a al “Chaqueño” que decía:
-“A mi me encanta el rabi. Te sacás todo ahí, la tensión de estar adentro, lo que pasa afuera, podés correr. Me encanta. Me gustan mucho los deportes. Un poco ma’ el fulbo, pero el rabi ‘ta bueno.”
Coco entraba ahora en la oficina pero salió diciendo que no sería posible ese día, que haríamos una ‘charla técnica’ con el resto de los chicos que esperaban en la cancha encerrados. Ariel me preguntó si me podía taclear pero le agradecí diciendo que en otra ocasión tal vez. Todos esperaban agarrando el alambrado pero sabiendo que no podría ser. Nos reunimos en un círculo separados por el alambrado, la mitad afuera, el resto adentro de la cancha. Otros que no juegan ni les interesa miraban, alguno que otro se asomó pero solo para escuchar.
-“Hoy queríamos hacer una práctica con un equipo armado, que ya formen en diferentes puestos. Falta poco para el partido con los del penal de Campana, muchachos, y necesitamos entrenar más” dijo Coco.
Entre chistes, optimismo y pruebas de valor todos decían que estaban para golpear, taclear, en definitiva lo que hiciera falta.
-“¿Jugamo’acá con Campana, no? Sabe’ como lo esperamo’. Con lanzas como los de Esparta, lo’ de Trescientos” dijo Ariel lanzando una carcajada. De una bolsa “Coco” sacó las camisetas que serán usadas en los entrenamientos.
-“¿Con esta jugamo’?” pregunto “Diente” y al recibir la respuesta afirmativa chocó su puño con el de los que estaban a su lado al canto de ‘Vamos mafia’. Ariel se la probó feliz de sentirla cómoda y linda y de nuevo ‘vamos mafia’. “Con esta estoy zarpado en pato lucas” comentó y entendí que se sentía grande como un patovica. Claudio el alemanote, contemplándola desde el otro lado del alambrado dijo “¡oh, juremo’ con gloria morir!”. Una mole se acercó saludando. Era Agustín que había tenido una lesión en un tobillo.
-“Que haces? Te sacaste el yeso?” le preguntó alguien.
-“Si me incomodaba. La semana que viene juego” Respondió. Nadie se animó a explicarle sobre medicina.
Finalmente nos despedimos con la promesa de el martes siguiente si entrenar y ellos con la de mejor conducta.


Aguante Tomi capo, espectacular la anecdota y comentarios!
¡Hola Tomi! ¡Qué buen relato! Pasé de casualidad y no pude parar de leer. Te felicito. ¡Qué experiencia, por favor! Esperamos los próximos capítulos.
¡Mucha suerte!
Felicitaciones por el proyecto!!! Yo estudio para sacerdote y laburo en una cana (así le decimos en Chile) y muchos días del mes son como el que vos contás. Ojalá fueran menos, pero de corazón creo que si hubiese más tipos como ustedes, habría menos puñaladas y más risas.
muy bueno!!! nosotros en nuestro club tenemos 4 guardia carcel que tienen muy buena relacion con los presos y quieren encarar un proyecto parecido pero el tema es como haces para que puedan juga?? o sea.. hay alguna forma para que te den permiso para que salgan??
tomi me alegra mucho la actitud de ustedes no aflojen, esa gente los necesitan y espero mas noticias , un abrazo, daniel Britos
Pasò bastante tiempo de la nota y la iniciativa me pareciò excelente; ojalà que el proyecto se haya podido concretar.
El domingo justamente pase por ese lugar y me preguntaba si ya funcionaba…que paradoja que hicieran una carcel arriba de un monton de basura escondida entre un monton de tierra…
Esta gente tiene oportunidad de salir adelante y me parece excelente la iniciativa y el coraje para ir hasta ahi…te felicito, se me puso la piel de gallina leyendo esta nota…
Saludos!
Acabo de leer esta nota y todavía estoy conmovido así es qeu por ahora lo único que se me ocurre es felicitarte y desearles lo mejor!!!!!!!!
ИМХО