| enviar | Imprimir | Share This |
La tercera vez que fui mi apellido fue De Veglia para el guardia de cara aniñada y pecosa. El otro, el de la segunda barrera inseguro preguntó “¿Heredia?” y dije que si, Heredia. Para mi no es un apellido complicado de Vedia pero siempre tengo que explicarlo y eso que es Vasco.
Llevé un termo de mate para cebar mientras esperaba al resto. Un celular de nuevo en la entrada aguardaba para trasladar unos presos.
Entramos todos juntos como siempre. El ritual del saludo con beso se repitió así como la evocación a la cossa nostra. Asistencia perfecta del grupo que estaba obsesionado con los talibanes, pidiendo golpes, inmolaciones y destrucción. Entraron en la cancha al canto de guerra de “¿Que somos?” y la respuesta general de “¡Espartanos!” repetida unas dos o tres veces fue el preámbulo a la guerra que supone el rugby. Con esa extraña mezcla de violencia globalizada se aprontaban haciendo pases.
La entrada en calor exigía atención e intensidad, en una posición agazapada que al cabo de un rato les era imposible mantener. Fabiano parecía tener su cabeza en Recife, su ciudad natal en Brasil y que dejó para recorrer Sudamérica, pasando por Perú, Bolivia encontrándose con un gran obstáculo en la Argentina que lo tiene ahora jugando un deporte del que jamás escuchó palabra alguna. La cercanía del duelo entre la selección Argentina y la de Brasil por las eliminatorias lo sometió a una amenaza del resto, que le aconsejaba no aparecer la semana siguiente si su equipo se fuera vencedor en Rosario. Fabiano sonrió y emulando al ex presidente Kirchner cuando desafío al grupo Clarín, espetó un “¿Están nerviosos?” con un acento confundido entre porteño con seseo y portugués.
Las primeras pelotas al piso causaban frustración en algunos, yo incluido. “Las manos arriba, las manos arriba” dije dándome cuenta de las implicancias de mi comentario. Ariel me miro con una sonrisa cómplice. Los escudos de goma espuma a un lado, misteriosos para ellos, esperaban ser tomados para aprender un nuevo ejercicio. La intención era que uno lo sostuviera esperando la embestida de otro que llevando la pelota avanzaría unos metros para ir al suelo dejándola disponible y otros dos barrerían a los rivales dispuestos a robar ese balón. En términos rugbísticos: el ruck. Salió pésimo. Algunos por miedo y con los ojos bien cerrados iban al choque tímidamente, perdiendo automáticamente el control de la ovalada. El Chaqueño indignado pedía el compromiso de todos que sino no servía para nada. Términaron tomando coraje e inmolándose frente a los escudos rojos. “Vamo`, lo` Talibane`” arengaba Claudio. Tanto valor que varias veces tomados pasaban perpendiculares al piso como misiles, y nosotros temiendo una lesión cambiamos el ejercicio.
-“Diente sacá esa pelota así empezamos a jugar. Patealá afuera”
Con un gesto poco ortodoxo alejó la pelota pero dejándola adentro de la cancha marcada con unos conos para jugar tocata.
-“¿Qué pasa Diente? ¿ No tenés fuerza hoy?” Pregunté
-“Le pegué medio `lai’. Sino sabé donde la mando? Ahí le pegué lai.” Se defendió.
Fuera de la cancha se llevaban unos guardias y un hombre vestido de civil a un preso. Escuché que iba a ser operado de la pierna fuera de la carcel. Algunos los saludaban deseándole suerte, otros se burlaban.
-“Sacáte esa gamba, gato” Gritaba `El Manco’.
-“Y vo` sacáte esa mano muerta” Le agregaba Pablo parado en la mitad de la cancha antes de empezar.
El partido no se daba tan divertido. Muchas infracciones, obviamente por su desconocimiento total del juego.
-“Estamo` jugando re mal” Se quejaba Ariel. “Somo` lo Espartano`loco vamo` che, vamo` a juga` bien.” Instantáneamente todos empezaron a darse ánimo, no logrando realmente una mejora en el juego pero al menos intentando.
-“Joga, joga” gritaba desde la punta Fabiano mostrando toda su blanca dentadura. Le dije que el jogo bonito lo tenía que aportar él y me dijo que eso lo iba a ver Argentina en Rosario con la verde amarela. Entonces se generó una discusión graciosa entre él y Diente sobre fútbol mientras a dos metros el resto de sus compañeros batallaban por la guinda de rugby a los golpes. El Manco ignoraba cualquier tipo de regla. Tratar de corregirlo era bastante difícil porque enseguida se defendía diciendo que al menos había anotado dos veces.
-“De donde so`? Me trae` un Rosario como el tuyo la prosima ve`?” me preguntó en un descanso, mientras yo miraba su mano escondida en un trapo viejo y azul.
-“De San Isidro” respondí sin dar indicaciones precisas “Vos?”
-“De San Isidro también, de la Cava ¿me trae`un Rosario la prosima? De ahí de la iglesia que vayá.”
-“No se de donde sacarlo. A mi me lo regaló mi mamá”
-“En este pabellón somo casi todo` Católico`. Hay alguno` que e`Evangelista, pero casi todo` Católico.” Dijo Claudio acercándose.
Mis ganas de golpearme no eran muchas. La semana anterior había hecho tanto esfuerzo que me costó recuperarme. Aunque hubo una sola jugada en la que no pude evitar un cruce con Ariel que por segunda vez consecutiva se dirigía al ingoal rompiendo a los topetazos todo lo que se le cruzaba. Me atravesé de costado en su camino golpeando mi brazo en su pecho. Caí sobre él que apoyaba su cabeza en la tierra, se reía y decía . “Es buena esa eh. Me diste el re golpe”.
Algunos soldados empezaban a caer. Pablo tras una montonera se corría rengueando con los ojos bien cerrados, se sacaba una zapatilla y se sentaba en el hormigón. Los dedos de su pie no querían mas rugby esa mañana. Los botines de Roberto parecían estar engualichados. La semana anterior, tras caer en la zanja se llevó una cicatriz en la cadera. Esta vez su hombro era víctima de un golpe muy fuerte. De nuevo fui a su socorro sugiriéndole un poco de hielo. El Manco sin embargo, agarraba su brazo y lo revoleaba aduciendo que había que mantenerlo caliente y moverlo para que se pasara. “Ese e´tu trabajo, vo so profe” me dijo. Roberto no parecía estar de acuerdo con esa brusquedad; no parecía querer nada.
Algunos se acercaban a conversar desde el alambrado con dos hombres que desde una celda sacaban una frazada. Estaban en la celda de castigo, incomunicados. Claudio a los gritos les prometía un puchero.
-“Sos el cocinero, Claudio?” Le pregunté sorprendido.
-“A vece` le`hago a lo` pibe. Torta frita le` hice el otro día.” Me contestó y se dirigió a Ariel “Gordo conseguime harina”
Me puse a conversar con Agustín al término del partido. Me contó que afuera era pirata del asfalto.
-“¿Cómo venís con la facultad Agus?” Le pregunté.
-“Bien. Hoy estaba practicando suturas a la mañana y miraba por la ventana para saber si habían llegado. Me salieron bien”
-“Fijáte si conseguís un poco de hielo para Rober que se golpeó el hombro.”
-“Si, ahí tengo un gel frío.” Tranquilizó a Roberto.
Nos juntamos en el ya clásico círculo para cerrar. Tomó la palabra Coco felicitando el esfuerzo de todos. Yo agregué que lo importante era que aprendieran que al ser un equipo tenían que mantenerse unidos, solidarios afuera y adentro de la cancha. Pablo con su pie descalzo dijo que ya se iban entendiendo mejor. Exhausto, Raúl pidió dos cosas:
-“Estamo`muy duro`de pierna. No se puede pedir que no` dejen salir a la cancha un día ma`. Para estira`un poco y corré.” Y completó “Ahora que entendemos un poco ma` la jugada ¿no podemo` tene`una jugada maestra para sorprende`?” Todos apoyaron su propuesta.
El partido con otro penal es tal vez una utopía. Lo importante es que disfrutan de esas dos horas los martes y aprendieron que el rugby aparte de golpes, tackles y corridas es compañerismo, unidad y respeto. Aplaudimos, nos abrazamos, chau mafia, ellos a sus celdas y yo a mi casa cercana por el camino que lleva a otra realidad.


Es muy bueno lo que haces Tomás, me alegro y te felicito!
Felicitaciones Tomás, me alegro que un hijo de Malu haya incursionado en el mundillo de la pluma y tan bien como lo hacés.
Tenés una manera muy peculiar y simple de expresarte que se hace agradable leerte.
Ahhhhh, la próxima, quizás, deberías intentar llamarte Rosales y entrarías sin tantas complicaciones…
Un saludo desde Madrid.
Ciego
Tomas, soy matias lorenzini, tengo 17y soy jugador del club atletico estudiantes de Parana y admiro mucho lo que haces inculcando los valores del rugby mas alla de los clubes dadole la oportunidad a otros no tan afortunados de nutrirse de este deportes, y lo mejor de todo es que tenes un forma de redactar que te hace querer leer mas y mas, estas cosas son las que me hacen quere entrenarme mas y mas cada dia no pèrder de vista mis objetivos, saludos
tomi, muy buen articulo, te felicito !
seguí escribiendo que lo haces muy bien, un abrazo !cheba Perasso
¡Hola Tomi! Gracias por continuar con los relatos de esta experiencia y por compartirla. Cuando empecé a leer la primera de estas crónicas pensaba cómo será enseñar este deporte en un ambiente que muchas veces es tan violento y que, sin dudas, muchas personas e incluso ellos mismos, entienden como violeto. Y qué desafío para ustedes, también. Mucha suerte y felicitaciones.
Tomas,,,, al igual que los demas lectores de tu columna, me veo realmente atrapado por la misma, no solo por tu narración, sino también por el hecho de que te hayas interesado en ir a enseñar rugby a un pabellón penitenciario; y que además, al margen de lo deportivo trates de resaltar los valores que enseña este deporte, pero no solo desde el lado rugbystico, sino tambien como escuela de vida y valores, que implícitamente te van marcando como persona.
Me parece increible lo que estas haciendo, y espero poder leer mas en un futuro cercano.
Mis felicitaciones!!!!!!!!!!!