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Del partido no tengo mucho para decir. Tal vez que varios de los Georgianos se parecían a La Mole, el hombre de piedra de los Cuatro Fantásticos. Lo que si puedo decir es que hubo dos momentos. En uno me emocioné y en el otro se me puso la piel de gallina. No son muchas las veces que me pasa algo así.

Me pasó la primera vez que lo ví a Keith Richards en frente mío tocando Jumpin Jack Flash o cuando Boca salió campeón con ese gol de Edgar Benetti en la bombonera en el ‘92. Después de escuchar el himno de Georgia una multitud estalló en un rugido increíble. ¿Dónde estoy? Pensé y me emocioné. Un minuto antes de jugar un partido me di cuenta a donde me había llevado el ragbi. Estábamos en el límite entre Europa y Asia. Nuestra casa estaba del otro lado del mundo y toda esa travesía que fue el viaje de ida por solo ochenta minutos. Si Hemingway estuviese vivo se escribiría un libro, pero la guerra sería solo simbólica.

La otra cosa que me puso la piel de gallina no fue haber visto un cuadro de la selección del ‘86 en el pasillo. También estaban los de todos los campeones de la historia de la Eurocopa pero eso menos. Me llamó la atención que La Unión Soviética haya ganado una, hace como mil años. Buena camiseta esa que solo decía CCCP.

La fiesta post partido fue como un banquete medieval con mesas largas y tipos comiendo y brindando felices. Lo que pasó fue que en el tercer tiempo, organizado por la unión Georgiana, tocaron unos músicos locales y entre su repertorio mecharon Libertango de Piazzolla especialmente para nosotros. Hasta los jugadores de Georgia sabían que se venía y nos la dedicaban. Ahí está, el momento de la piel de gallina.

Ahora llegamos a la otra punta de Europa, a Lisboa. Obviamente, como viene siendo esta gira mundial hicimos una escala, esta vez en la tierra del ex-casi entrenador de Racing.

Ya que vengo a esta tierra voy a hacer un reclamo. Aunque se que no existe más la monarquía, voy a pedir que me rindan honores. Mi abuela a mi me contó que su apellido, Cabral, desciende de sangre real portuguesa y si mal no recuerdo esa historia se remonta hasta Carlomagno. Yo a Charly no lo ubico bien, pero es bueno que si uno va a un lugar y tiene parientes lo reciban como se debe. Si Holanda tiene a Máxima, Portugal puede tenerme a mí. En definitiva, según mi abuela, tengo mas derecho yo acá.

El hotel en el que estamos no tiene el glamour que tenía el de Tífilis pero a mí me gusta más este. Primero porque está sobre la playa (este si que es el otro límite de Europa) y en vez de estrellas tiene cuatro hipocampos. Además en esta guarida compartimos todos el mismo piso. Es como si hubiésemos tomado esta parte. En este momento el pasillo parece un conventillo porteño en el que suenan una cumbia, rock nacional y el partido de Estudiantes con Racing.

Desde el balcón miro el mar. Del otro lado, muy lejos, la tierra de las oportunidades. Por ahí ya anduvimos hace poco. Se me ocurre que somos como un circo rodante moderno. Gitanos del rugby.

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  • Muy bueno lo tuyo, me gusta mucho como escribis a proposito algunas palabras, segui asi .

    schula 11/17/2009
  • un abrazo tomi! segun tu relato estaras como en tu casa entonces! igaul no tanto…

    HORACIO SAN MARTIN 11/17/2009
  • no estaban George y Leonid? no hubo futbol araña?

    fran 11/21/2009
  • tomi
    a mi tus historias me dan ganas de estar ahi haciendo fotos
    ser la fotoreportera de la gira
    voy a seguir pensandolo …

    L. 11/21/2009
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Naci el 31 de Mayo de 1982 al lado del hipodromo de San Isidro.

En este espacio quiero compartir mi voz, y mi ideas hablando no solo del rugby sino de las historias que hay detrás de este deporte.

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