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El pasillo del hotel  veraniego en el que estamos por momentos se transformó en una tumba, con la cumbia y el reggaeton al palo. Plagada de gente jugando a las cartas, con computadoras o tomando mate. Una cárcel vip. Incluso nos mimetizamos por un rato. Fue un momento de recreación, como una clase de teatro de improvisación. En una pizarra vi grafittis increíbles que no puedo reproducir. Las pintadas me encantan, son como chistes al paso para el transeúnte. Generalmente son de arenga, porque a los argentinos nos gusta arengar siempre. En cualquier pared de la Argentina se puede ver “Kirchner conducción” o alguno futbolero que después es tachado por un hincha rival que lo insulta. La mejor pintada que vi en mi vida fue en una esquina de Villa Crespo que decía “Racing y vino”. Si... 

Del partido no tengo mucho para decir. Tal vez que varios de los Georgianos se parecían a La Mole, el hombre de piedra de los Cuatro Fantásticos. Lo que si puedo decir es que hubo dos momentos. En uno me emocioné y en el otro se me puso la piel de gallina. No son muchas las veces que me pasa algo así. Me pasó la primera vez que lo ví a Keith Richards en frente mío tocando Jumpin Jack Flash o cuando Boca salió campeón con ese gol de Edgar Benetti en la bombonera en el ‘92. Después de escuchar el himno de Georgia una multitud estalló en un rugido increíble. ¿Dónde estoy? Pensé y me emocioné. Un minuto antes de jugar un partido me di cuenta a donde me había llevado el ragbi. Estábamos en el límite entre Europa y Asia. Nuestra casa estaba del otro lado del mundo y toda... 

Una de las primeras cosas que aprendí en este país es que se pronuncia Jeórjia y no Yorya. No es que sepa hablar en georgiano, ni que me lo haya contado Juancito Gómez que parece un local. Lo leí en Wikipedia, el libro gordo de petete virtual y universal. Suelo consultar seguido ese sitio y, aunque no es una fuente del todo confiable, te saca del paso. También es feo no conocer el lugar en el que se está. En las giras se puede aprender bastante. Si bien es difícil durante la semana por los entrenamientos y el descanso casi obligado, después del partido me gusta meterme de lleno en la cultura. Y la mejor forma de hacerlo es inmiscuirse entre la gente, en los bares, donde sea. Hasta ahora sé que el nombre lo deben al santo patrono Jorge de Capadocia, un tipo que aparentemente mató... 

“El viajar es un placer que nos suele suceder” decía Pipo Pescador en un caset que escuche hasta que se rompió la cinta, allá por los ochenta. Es un placer viajar, hay que ver de que forma. A nosotros nos esperaba un trayecto muy largo hasta Georgia. Cuarenta horas mortales, casi suicidas. Los Jaguares estábamos citados en Ezeiza a las 11.15 del sábado. Llegué un poco antes y empecé a ver lo que más abunda en un aeropuerto: abrazos, miles de abrazos todos los días. También taxistas, pero esos no son los que dan los abrazos. El sentimiento brota en esos lugares. Son propensos a los llantos, las risas, las emociones. A pesar de eso un aeropuerto es un lugar en el que nadie quiere estar, o por lo menos al que se va para irse, se entra para salir. Todo es tan impersonal. Es tierra... 

Todo empezó cuando me contactó Osvaldo Ávalos de la empresa Costa Libre, dedicada al comercio exterior y sponsor del club Brown de San Vicente en la provincia de Santa Fe. No dudé en ir por dos razones: la primera era porque se trataba de promocionar el rugby en ese pueblo y Sunchales; la otra porque me encanta viajar al interior donde te atienden como a un rey persa. Dos cosas hacen de San Vicente un lugar especial. De ahí es mi amigo es Chiquito Taverna que empezó a hacer deporte en el club Brown. El club Brown organiza un evento anual que es la fiesta de la cosechadora al que van 50.000 personas. Lo que llama la atención es que Saint Vincent es un pueblo de solo 6.000 habitantes pero se ve que saben como divertir a la gente. La fiesta termina con recitales y música a todo trapo.... 

Lo primero que tengo para decir es que el fútbol me encanta. Casi más que el rugby. Nunca voy a dejar de ser de Boca. Ahora lo sigo, pero con menos fanatismo que antes. Aprecio la belleza antes que el fanatismo. Si el Huracán de Cappa me emocionó con su poesía de toques y tacos más que el aburrido y especulativo Boca del torneo pasado que ya ni recuerdo quien entrenaba. ¿Ven? La maquinaria de dinero en la que se transformó el fútbol se come a cualquiera. Pero el fútbol sigue siendo hermoso y poético. Todavía existe un Barcelona o individualidades que inspiran. Todavía sigue vigente el genio Palermo, héroe indiscutible del pueblo Boquense y ahora argentino. Gracias Bruja Verón por tener más clase que la realeza española. Para mí lo importante es el juego. Es importante que... 

Naci el 31 de Mayo de 1982 al lado del hipodromo de San Isidro.

En este espacio quiero compartir mi voz, y mi ideas hablando no solo del rugby sino de las historias que hay detrás de este deporte.

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