Estoy en mi cuarto. De fondo suena Sexy Sadie del Albúm Blanco. Siento mis piernas llenas de ácido de batería del entrenamiento mañanero. A este tema esté donde esté lo tengo que escuchar. Dicen los mitos del rock que John se lo escribió al Maharishi. También otros mitos que escuche cuando crecía era que el Turco Asís era un chanta. Estoy comprobando que es un genio, que Flores robadas en los jardines de Quilmes es tan bueno que lo único que puede interrumpir su lectura es Sexy Sadie. Apoyo el libro en mi pecho en la parte que Lennon dice Nos hiciste quedar a todos como unos tontos. Levanto la cabeza y veo pegada una foto histórica. Histórica en el ámbito de mi familia. Es la tapa de la revista Nuestro Deporte el Rugby. Tiene un dibujo con la cara de mi viejo. Miro la fecha: 1981....
-Me duelen los nudillos Omar. Estos guantes que trajimos son muy finitos. -Ya sé Monito. Eran los únicos. Tratá de pegarle en los pómulos. Este tipo te saca una cabeza y si le das al cuerpo no lo lastimás. Aprovechá que tenés brazos largos. -Ya le hice un cortecito en la cara me parece. Sino tumbo a este urso ahora me liquida. Un gordo con anteojos, al costado del ring, tocó la campana. El público no era mucho. Unas noventa o cien persona que querían ver la representación de la dinámica social en las ciudades. Manicomios modernos y multitudinarios. Había humo de cigarros en el ambiente bajo las luces, olor a transpiración, a calle, suciedad y perfume de mujeres. El olor describe, complementa, casi define una situación eléctrica como ésta. Los ruidos también. Una botella reventó...
Me desperté primero; la cama era incómoda y no pude dormir profundamente. Bajamos con Papá a desayunar y no encontramos más que yogur y medialunas un poco secas. Cebamos unos mates y nos preparamos para ir a OSECAC a la conferencia de prensa. Facu bajó un poco más tarde porque él si pudo dormir. Eduardo Rossi llegó a las nueve y cuarto de la mañana acompañado de Juanca, en su camioneta para llevarnos al evento. No era lejos del hotel a donde íbamos. Nos recibió en su despacho el señor Juan Domingo Gamarra, ex diputado provincial y director de dicho organismo que subsidia al Aborigen rugby club. Pasamos a un salón de reuniones con una mesa larga rodeada de sillones de cuero. En una pared un cuadro de Perón y otro de Evita colgaban, como también la de un funcionario que...
El viaje fue larguísimo. En la entrada a la ciudad de Formosa un chancho cruzaba la calle. En un semáforo, preguntamos por el Plaza Hotel y nos dijeron que era el edificio alto, bien alto frente a la plaza San Martín; en una esquina encontramos el lugar, que era solo una construcción de cuatro pisos. Las habitaciones ya estaban pagadas. Yo quería llamar a Eduardo no fuera a ser que pensara mal por no anunciarnos, pero papá rogó por poco para descansar. Después de una comunicación telefónica él mismo nos avisó que vendría al cabo de media hora. Nos preparamos con un termo de mate (yo un poco nervioso tengo que confesar) y salimos a la plaza a esperarlo. Llegó en una camioneta Isuzu verde de doble cabina. Bajó del auto a los gritos diciendo “¡¡que hacés Tacho hijo...
La película “La quimera de los héroes”, dirigida por Daniel Rosenfeld y premiada en Francia, muestra a Eduardo Rossi como una suerte de coronel Kurtz criollo; sin guerra, sin Marlon Brando, sin Vietnam, pero con otros problemas no menos graves. Dice la crítica del diario Página 12 del 4 de noviembre de 2004: “¿ Quién es Eduardo Rossi? Mejor aún, ¿qué piensa realmente? ¿Es posible que un hombre cambie su manera de entender al mundo de un día para otro? ¿Qué queda en él de su vida anterior? (…) Salvo Rossi, son todos aborígenes, indios tobas de la provincia de Formosa. ‘Yo fui uno de los pocos blancos a quienes le abrieron su corazón’, se ufana. Paulatinamente, sin que medie el relato de ningún narrador, se irá sabiendo que Rossi ha decidido redimirlos...
Todo lo que voy a contar es verdad. Desde el momento que se transforma en palabras es. No podría mentir. A veces me preguntan si aquello que escribí pasó y yo digo que sí claro que pasó. ¿Acaso importa? La realidad es lo que la mente ve. El realismo mágico de Crónica TV, la imagen vista desde una rascacielos de gente caminando apurada, la letra de Yellow submarine o un sueño. Fue un viajón, me dijo. Terminó su vaso, pagó por los dos y se fue sin saludar. El barman y yo mirábamos al frente callados. El sonreía; creo que yo también. Metí la mano en la canasta, saqué un puñado de maníes húmedos y salados. Afuera hacía un frío suicida. Adentro el humo y el olor a alcohol volcado en la barra me seguían dando un poco de ganas de vomitar. Repetí el cuento en mi cabeza por partes....
A Raúl Suarez Ayer tuve un sueño muy raro. Bueno no tan raro, era un sueño nomás que vuelve una y otra vez a la noche. Les cuento y si alguien tiene el libro de Freud que dice como interpretar los sueños que me de una mano. Yo creo que se de que se trata pero ahí va: tengo un partido y de alguna forma no llego nunca, se que tengo que ir y no voy y cuando finalmente llego no tengo el bolso con la ropa. Es peor que soñar con que se camina desnudo en la calle para mí. Hasta ahí iba todo normal en la maldita película somnífera, si normal es que pase todo eso tan desesperante. El tema es que esta vez llegaba al partido, tenía el bolso y cuando iba al vestuario el Negro Basán, el utilero del club, me decía no podés jugar vos. ¿Como que no, Negro? Estoy al día con la cuota, no estoy...
Las historias que te cuentan cuando sos chico se transforman inevitablemente en una especie de oráculo innegable. La mayoría de las que escuché yo venían de la boca de mi viejo. Las se de memoria casi todas y debe haber algunas que no son tan exactas, pero que importan los hechos concretos si solamente quedan en un lapso de tiempo. Toda historia tiene diferentes ángulos y para eso están los buenos narradores. Nada como una historia bien contada. Si él quisiera podría escribir un libro como Yo soy el Diego de la gente pero no tan exagerado como esa biblia del hombre que según varios es dios hecho hombre con botines. En el ’77 cuando llamaron a mi viejo al seleccionado por primera vez pasó algo que hoy resultaría insólito: lo suspendieron a él y otros jugadores por oponerse a la...
Me gusta cuando se inventan verbos como guglíar, ningunear o alunizar. ¿Quién habrá sido el que dijo cuando Neil Armstrong pisó el suelo lunar que alunizó? Un hábil lingüista seguro. Con el dolor de la derrota en el último partido argentinizamos en Ezeiza el domingo a la mañana. Para no desentonar llovía en la tierra peronista y la queja de los locales de regreso porque el aeropuerto es un desastre, porque se vuelve a los piquetes, porque allá todo funciona y acá no, retumbaba en mis oídos casi como un millón de voces de un sueño molesto. Esa queja que más que queja es un intento por demostrar que se viajó y se conoció otra forma de vida, más civilizada (?) pero no saben que nosotros venimos de allá también y lo vimos todo. Pero acá, en peronismolandia, tenemos esa extraña...
En una gira tan larga llega un punto en que el grupo de personas con las que se viaja pasan a ser el centro del mundo de uno. Dentro de tantas diferencias entre cada uno, se empiezan a tener costumbres y cosas en común como en un pequeño diagrama de Venn. Después se deja de ver a esas personas por un tiempo hasta la gira siguiente pero ese diagrama sigue ahí. Una de esas cosas en común son las que pasan en las rondas de mate en fisio con Lucas Toro a.k.a Lucas Bull. Son casi sagradas. Se puede generar cualquier tipo de conversaciones como si fuese un polémica en el bar pero sin indeseables. Las de política no son tan divertidas, sobre todo si están influidas por lo que dicen La Nación o Clarín o cualquier otro. Es que, para mí, la derecha y la izquierda solo sirven para hacer goles. Rocanrol...

