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Mostaza Merlo decía paso a paso. A pesar de que lo hacía por una cuestión de cábalas, hay algo muy cierto en esas tres palabras. No entiendo cuando un periodista pregunta si el equipo está para campeón o si tiene como objetivo clasificar a la final. Me parece muy absurdo pensar en competir solamente en función de un partido y que ese partido defina el sentido de todas las cosas. Dicen que si Argentina salía campeón del mundo, Messi era el número uno pero como no pasó, está en deuda. ¿Qué es ser el número uno? En este caso es algo perverso. El ser humano necesita encontrarle sentido a todo, definir las cosas y ubicar por categorías. Ese intento de encontrarle el sentido a las cosas, querer llegar a un lugar lo distrae y le impide disfrutar del camino y del presente. Una autopista... 

Me aconsejaron hacer regenerativo después de jugar. Venía de una noche de baile y me costó levantarme. Pero por la militancia hay que dejar todo, incluso las resacas. Entonces agarré mi súper bici plegable y fui con mi hermano y mi viejo a comer a la mejor parrilla de Victoria, el Andén sobre Presidente Perón a cuatro cuadras de la cancha de Taiguer. Lo que nos une con los hindúes son las vacas por considerarlas sagradas. Cumplimos con el ritual y satisfechos nos tomamos el tren a Retiro. En el furgón había un brasilero con otra súper bici. ¿Van a la Masa Crítica? Nos preguntó. Si, claro, somos militantes. Después subió otro y ya eramos unos vagabundos del Dharma compartiendo una botella de agua y la pasión por la bici. Desde la estación de Retiro nos fuimos para la 9 de julio.... 

Desde que nacemos escuchamos la verdad según quienes nos crían. Tanto condicionamiento es causa de sufrimiento, desde el punto de vista del budismo. Por ejemplo en el SIC nos decían que el CASI era lo peor, las fuerzas del mal, algo intoxicante. Seguramente a ellos les decían algo parecido. Así se fortalecía el antagonismo. Una vez me cuestioné eso de la rivalidad acérrima entre los dos clubes. En los primeros años, dicen las historias de boca en boca, que familias se separaron, que no se hablaron más. Hasta he llegado a escuchar de algún desterrado. No soy alguien que crea demasiado en la historia, tampoco le veo mucho sentido a saber todos los detalles de algo que jamás viví. Lo que sí me gusta de esa rivalidad es su parecido con el código Samurai. Ese código se basa en el... 

PARA VER EL CAPÍTULO ANTERIOR APRETAR ACÁ No tiene nada en contra del rugby. No podría tenerlo, porque si no fuera por uno de esos terceros tiempos surrealistas, no lo hubiese conocido. Esa es su novia. Acompañó a una amiga una noche de pocas opciones. Tenía los típicos prejuicios hacia los rugbiers, no hacia todos en general, pero mas que nada hacia la rugbieritud. Eso de andar en malón y agitar como hinchada, de demostrar su heterosexualidad que es para despejar cualquier duda de homosexualidad, mostrar fortaleza constantemente, eran lo que le llamaba la atención. Igualmente algo de todo eso la atraía. En un momento de la noche su amiga desapareció y ella quedó sola, junto a la barra en el momento de mayor confusión del tercer tiempo. Un ebrio se le acercó dejando todo para... 

PARA VER EL CAPITULO ANTERIOR APRETAR ACA Odia ponerse traje pero como se casa la Chancha, hace el esfuerzo. Es uno de los pocos que consigue que el Gato vaya en contra de sus propias convicciones. Se conocen desde la edad del primer amor futbolero, época en que la Chancha era un dotado, la gambeta más joven y rápida del oeste. La alusión porcina del apodo maduró con el año en que Gambetita se mudó y pareció tragarse un Fiat 600. Dejó de ser Gambetita para convertirse en la Chancha en el instante mismo que se encontraron de nuevo. Con los años dejaron de tener cosas en común. Uno empezó una carrera exitosa en un banco, el sueño de una familia que empieza este día. El otro es un no creyente en el éxito, un buscador el Tao. Y eso para los dos está bien, aceptan la verdad del otro. Se... 

Mi casa, en la prepubertad, era la utilería de un club. Teníamos alrededor de diez pelotas de fútbol y algunas más de rugby. Volvía del colegio, donde había pasado la mayor parte del día pensando en goles y tries, para jugar con todas, limpiarlas, decirles las amo, son mis únicas novias y si supiera lo que es el sexo les propondría tenerlo pero tengo edad de pre adolescente y no sé nada de la vida, ni siquiera sé para que me enseñan el análisis sintáctico. Esa obsesión se transformó en una duda existencial. Una tarde en el colectivo de Hugo, un tipo que llevaba a su madre como guardia de seguridad armada con una aguja peligrosa que se clavaba en los hombros o culos de mala conducta, dejé de jugar en el pasillo, presionado por esa duda. Llegué a casa y desafié a mi viejo a... 

¡Tanto alboroto por un montón de palabras acumuladas! No me tomen demasiado en serio. Solo crean en el Gato, el sabio más grande que surgió de mi mente. Mientras intento descifrar que hará mi arltiano personaje en esta novela/cuento/divague llamado a cambiar la historia del rugby y la literatura del siglo 21, voy a contar mi segunda experiencia en el lugar que debería ser la Capital de la Nación. Che, ya que hubo tanto lío por el Bicentenario podrían hacer algo novedoso y nombrar capital de la buena onda, gastronomía asesina en tamaños ultramega titánicos a San Vicente. Fresco como un grupo de Cumbia girando de noche, me levanté el domingo sin rastros de tinta italiana con coca. Del partido de waterpolo del día anterior nada más quería saber. Junto a Osvaldo Ávalos, de Costa... 

PARA EL CAPÍTULO ANTERIOR APRETAR ACÁ Cuatro de la mañana. La ciudad duerme con los que pueden. Por ejemplo los de campera de carpincho en sus casas destilando moral. También despierta con el cartonero, el canillita y también el Gato. Sale del sobre sin sueño, sintiendo todas las partes de su cuerpo, desde la punta de los dedos de la mano a la cabeza y los pies. Va hasta el aparato de música y de entre la pila de discos en un estante saca uno sin dudar. Lo venía pensando hace rato. El ruido de la bandeja de cd ofreciendo su cobijo al disco le hace acordar a los Transformers. Su preferido era el que se convertía en avión y no se decidía si combatir con los Autobots o los Decepticons. This is the end, beautiful friend, the end, suena en los parlantes y deja de pensar en las dibujos... 

PARA VER EL CAPÍTULO ANTERIOR APRETAR ACÁ En la celda se hizo amigo de dos de sus rivales en la pelea del bar. Salen de la comisaría con él los que accedieron a la propuesta de ir a un bar. Es domingo a la mañana, día de descanso, día de hacer lo que uno tiene ganas como el lunes o el martes y el resto de los días. Unos pueden ir a la iglesia, otros a pedalear con Masa Crítica, o dormir sin parar y despertarse para ver el fútbol, cortar el pasto, salir a tomar mate a la vereda. El Gato prefiere sentarse en la barra y pedir un fernet medio y medio. Entran los tres en un antro cercano al río. La gente los ve y los condena mental y visualmente. No es horario de tomar, son un mal ejemplo, pobres perdidos, piensan. No hacen caso al juicio de otros porque ya son íntimos amigos y no les... 

Con la energía que dá el sol y regada por lluvias crece una planta de algodón. Al cosechar van a tomarlo para hacer la ropa que viste a todos los jugadores. Antes del partido comieron la comida y tomaron el agua surgida de la tierra que se recicla y cambia constantemente. Porque del polvo venimos, de un polvo venimos y hacia allá vamos, a la tierra a formar materia nuevamente. Esa misma tierra que en la cancha hizo crecer un pasto suave de una semilla traída de otro lugar, en el que sopla un viento que no es más que el viento que, después que el apertura pateó el drop, lleva la pelota, y parece permanecer, como el gesto de los que quieren que entre, el de los que no, el de los chicos que juegan al costado de la cancha, el del tenista por sacar atrás del ingoal, el que vende garrapiñadas...